Eduardo Villanueva

Tribuna Invitada

Por Eduardo Villanueva
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El fascismo y la locura trumpiana

Dícese del fascismo lo siguiente: “El fascismo se basa en un Estado todopoderoso que dice encarnar el espíritu del pueblo. La población no debe, por lo tanto, buscar nada fuera del Estado, que está en manos de un partido único. El Estado fascista ejerce su autoridad a través de la violencia, la represión y la propaganda (incluyendo la manipulación del sistema educativo)". Aunque Estados Unidos no está en manos de un partido único, a nivel nacional funciona con dos partidos sumamente similares en varias áreas de política pública y económica. Lo demás que atañe a la definición de fascismo es claramente aplicable al régimen de Trump.

“En una movida que sorprendió a algunos, Donald Trump perdonó al sheriff de Arizona Joe Arpaio, quien había sido convicto por desacato criminal al desobedecer una orden del tribunal que le obligaba a detener la persecución racial por parte de sus subordinados. Arpaio se había distinguido por sus prácticas racistas y su persecución de inmigrantes utilizando métodos que se acercaban a la tortura”,(El Post, 29 de agosto). Cuestionado sobre su decisión, Trump la comparó con la decisión de Obama de perdonar a Oscar López. Haciendo esas expresiones no actúa solo ni improvisadamente. Es asesorado por sus agencias de seguridad ya que hace alusión a las bombas y asesinatos con los cuales ellos vinculan a Oscar sin que pudieran acusarlo ni probarle nada relacionado. La convicción de Oscar fue por conspiración sediciosa, delito que aun no perdonan, porque es el intento de arrebatarles para la libertad, lo que ellos consideran que es su propiedad, Puerto Rico. Cuidado, Ricky Rosselló, al oponerse a la Junta de Control Fiscal, que no lo acusen por sedición o subversión de la cláusula de supremacía federal.

A Trump lo han caricaturizado como un loco, improvisador, payaso, que no sabe de gobierno y que da palos a ciegas. Creo que eso no es correcto. Tiene una agenda clara que es devolverle a Estados Unidos la supremacía del poder imperial, que él entiende que ha venido perdiendo por su debilidad política más que militar. Es una agenda nacionalista y fascista, en la cual los intereses del gobierno federal son supremos y están por encima de los derechos humanos y constitucionales cuando estos entren en conflicto. La locura es eximente de culpa en derecho penal y en ámbitos de exigencia de responsabilidad civil por negligencia. Por eso debemos evitar decir que Trump es loco, lo cual le exime de culpa por sus políticas discriminatorias y violatorias al derecho a la autodeterminación de los pueblos. La comunidad internacional, organismos protectores de derechos humanos y de la autodeterminación de los pueblos, rechazan sus políticas de intervencionismo y de amenazas militares a los países con los cuales está en conflicto.

Vemos que cuando es necesario, Trump atempera su retórica y negocia en secreto avenidas alternas, que es lo que debe hacer racionalmente. Nada de locura en sus actos y más bien da ejemplo de cálculo premeditado jugando con la vieja táctica del palo y la zanahoria. Ahora que luchamos contra las medidas autoritarias y violadoras de derechos fundamentales, de la Junta de Control Fiscal, el gobernador tendrá pueblo si las resiste y perderá autoridad moral si se repliega en defensa de los derechos de su patria, que es Puerto Rico. 

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