Julio Fontanet

Punto de vista

Por Julio Fontanet
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El ferri de la indolencia

Hace unas semanas, entrevisté a residentes de Vieques sobre sus preocupaciones referentes al servicio de ferris y la entidad a cargo de su administración, la Autoridad de Transporte Marítimo (ATM), y su directora, Mara Pérez Torres. 

Narraron historias de horror de cómo lo cotidiano e indispensable para habitantes de las islas municipio constituye un calvario diario. Aunque no dudé en ningún momento los relatos, me pareció que, para poder hacer un reclamo legal —incluso moral—, era imperativo que pasara yo por la experiencia de los viequenses, algo que hice este pasado fin de semana. 

Debido a las situaciones que viví, doy fe de la veracidad de las quejas y reclamos de los viequenses y de la indolencia manifiesta de ATM en atenderlas, además de su incompetencia para manejar un “servicio” que lleva décadas.

Tal y como me advirtieron, fui sometido a un registro innecesario, ilegal e irrazonable de mi equipaje para poder montarme en la embarcación. El registro únicamente se realizó en el viaje de ida, a la salida de Ceiba, pero no en el viaje de retorno. ¿Cuál es la finalidad de ese registro?

Al llegar a Ceiba, hora y media antes de la salida de la lancha, me entero de que el viaje había sido cancelado y me exhortan a “montarme” en el próximo. 

Esperé tranquilamente en las instalaciones “temporeras” y totalmente inadecuadas del terminal (particularmente para personas con discapacidades) hasta que me indicaron que podía abordar. No obstante, al acercarme a la embarcación —ya tenía un pie adentro—, me dijeron que no podía montarme, que me devolviera con todo mi equipaje a esperar la próxima embarcación —¡que salía en tres horas!— porque “ya ésta está llena”. Igual suerte corrieron otras quince personas a las que también habían dado el visto bueno para embarcar. Un caballero pidió una explicación y una empleada le expresó autoritariamente: “si sigue quejándose, no lo voy a dejar montarse en la próxima lancha”.   

Al llegar a Vieques, tratamos inmediatamente de comprar los boletos para el regreso (fue imposible por internet, a pesar de invertir más de un mes intentándolo). En la boletería nos dijeron que no podían venderlos anticipadamente; que pasara el día de nuestro retorno desde las 5:00 a.m. y los comprara. 

Después de dos días excepcionales en la bella isla de Vieques, llegó el día de regresar y, siguiendo las instrucciones, me levanté a las 4:45 a.m. para comprar las taquillas. En esa misma boletería me indicaron que no venden taquillas con más de una hora de anticipación al viaje. Ante ese nuevo cambio de señales, me personé a las 3:50 p.m. para comprar el boleto de la lancha de las 5:00 p.m. Cuando abrieron la boletería, que fue como a las 4:50 p.m., ¡ya estaba llena esa lancha! Le pregunté a un tal Sr. Díaz cómo era posible que estuviera llena si la boletería la acababan de abrir y no habían vendido taquillas. Me contestódisplicentemente que él acababa de llegar hacía unos quince minutos y que no sabía qué había pasado. Éramos muchos —viequenses, residentes de la Isla Grande y extranjeros— viviendo esa situación surrealista. Lo peor era que nadie de ATM explicaba o daba instrucciones. Era el caos total

Preguntémonos: ¿por qué los ferris en otras partes del mundo, fundamentales para residentes y turistas, lo hacen a la perfección? 

Lo que vivimos como visitantes, lo viven los viequenses todos los días y desde hace demasiado tiempo. Durante la larga espera por el último ferri, escuché más historias vividas por viequenses, quienes, además, recalcaron la falta de interés y empatía de la directora de la ATM. 

Me pidieron que relatara mi experiencia “a ver si pasa algo”. Señora gobernadora: por favor, dígale a la Señora Mara Pérez Torres que haga su trabajo, que escuche a los viequenses y que resuelva estos disparates.


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