Raúl A. Pérez Rivera

Tribuna Invitada

Por Raúl A. Pérez Rivera
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El fin de las peleas de gallos

Hay evidencia que indica que los pollos fueron domesticados hace unos 6,000 años, y que las peleas de gallos comenzaron hace unos 3,000. Se dice que los persas introdujeron los gallos de pelea en Grecia hace unos 2,500 años y los romanos los adquirieron de estos.

Antes de que las peleas de gallos se convirtieran en un “deporte”, la valentía de los gallos era admirada y respetada. Los antiguos griegos y romanos consideraban a los gallos como seres asociados a algunos de los dioses (ej. Marte, dios de la guerra). En la Grecia antigua, las peleas de gallos se llevaban a cabo en templos y al perdedor, se le trataba como una divinidad. Este era colocado en un recipiente de oro, cubierto con ungüentos olorosos, previo a ser incinerado.

Posiblemente, los romanos llevaron los gallos a España y los españoles los introdujeron al Nuevo Mundo. Por su parte los británicos llevaron los gallos a los Estados Unidos. Personalidades como George Washington y Abraham Lincoln fueron jugadores de gallos. Sin embargo, muchos las consideraban abominables. Por ejemplo el estado de Georgia, las prohibió en 1775 e Inglaterra hizo lo mismo en 1849 y así, sucesivamente, en muchos países. España, que todavía permite las corridas de toro (excepto en Cataluña), prohibió las peleas de gallos en 1991 (excepto en la región de Asturias) y en esta dirección va el Congreso de EE.UU., incluyendo a sus territorios. Si esto ocurre, no será la primera vez para Puerto Rico. En el 1898, el gobierno militar norteamericano, prohibió las peleas de gallos en la Isla. Pero estas siguieron llevándose a cabo furtivamente, particularmente en los campos. Sin embargo, en el 1933 el gobernador Gore las legalizó nuevamente, a pedido de personalidades como Rafael Martínez Nadal.

En todo este asunto de los gallos hay una pregunta obligada. Las peleas entre animales deben considerarse un deporte? Se define deporte como una actividad en la que están implicadas habilidades y fuerza y en la cual un individuo o grupo de individuos compiten unos contra otros, para su entretenimiento. Si utilizamos esta definición, no podemos incluir como deporte, las peleas entre animales, y mucho menos aquellas en donde el perdedor, por lo general, muere.

Debo dejar claro, que a los gallos no se les enseña a pelear. Como muchos otros animales (ej. mantis religioso, peces beta, lagartijos, antílopes, etc.), estos pelean en defensa de sus territorios y tener derecho sobre los recursos alimentarios y las hembras en este. En el estado silvestre, usualmente, estos combates no son a muerte y el más débil de los combatientes, suele dejar la “batalla”. No obstante, en el caso de los gallos, a través de selección artificial, se han desarrollado especímenes que no se huyen y que pelean hasta la muerte.

Todavía para muchos, las peleas de gallos, se consideran un pasatiempo o entretenimiento, una fuente de trabajo (se dice que los gallos generan unos 20,000 empleos), o una tradición cultural, que ha pasado de una generación a otra. Jugué gallos y esto me llegó a través de mi familia. Dejé los gallos por muchas razones, entre estas cuando consideré que ya había dejado de ser un “deporte” de caballeros.

No podemos tapar el cielo con la mano. Las peleas de gallos son una actividad brutal y cruel en las que, como gladiadores, se preparan unos animales para que mueran en el ruedo. Sin embargo, no creo que PETA, o el congreso americano, sean los que deben determinar el futuro de las peleas de gallos en Puerto Rico. Esto debe ser un asunto de los puertorriqueños, donde se tomen en consideración los aspectos positivos de esta actividad (mucha gente aún vive de los gallos), el asunto cultural y obviamente el aspecto deshumanizante de esta actividad.

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