Juan Zaragoza

Tribuna Invitada

Por Juan Zaragoza
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El fin del impuesto al inventario

Nunca antes había ganado tanta tracción la posibilidad de eliminar la contribución sobre la propiedad mueble, uno de los tributos municipales más importantes, desde el punto de vista de recaudos (alrededor de $400 millones). Existe un clamor generalizado por parte de los comerciantes que reclaman la eliminación de este tributo, clamor que se une a la antipatía por parte de ciertos sectores en contra de los municipios y sus alcaldes, oscureciendo el análisis de este problema.

Por esto, me parece necesario explicar la naturaleza de este impuesto y los hallazgos de un estudio que encomendó el fenecido Alcalde de Caguas, Willie Miranda Marín, en 2006, al economista, Fernando Zalacaín y a este servidor, sobre la posible eliminación-sustitución de este impuesto. De esta forma, aporto a un análisis balanceado y sosegado del asunto.

Este impuesto, que ya lleva varias décadas en existencia, aplica solo a negocios y no a individuos en su carácter personal, claro está, a menos que estos lleven a cabo un negocio. Más allá de muebles, como indica su nombre, esta contribución recae sobre bienes, tales como, maquinaria, equipo e inventario, entre otros. La tributación del inventario es la parte que mayoritariamente se considera como la más tóxica y dañina al comercio. Desde el punto de vista teórico, el tributar los inventarios tiene el gran defecto de impactar una transacción comercial que no ha culminado con una venta. Es decir, se tributa el inventario se venda o no.

En cuanto a la tasa contributiva, esta varía entre los municipios. Para el año 2018, las tasas fluctuaron entre un 6.08% (Jayuya) y 10.33% (Cidra, Lajas y Ponce). Es interesante resaltar que, en 2001, estas tasas fluctuaban entre un 4.33% y 6.83%. Hay que aclarar que no todo lo que se recauda va a los municipios, ya que una parte (1.03%) va al Gobierno Central para la retención o repago de la deuda.

El estudio que llevamos a cabo produjo varios hallazgos extremadamente interesantes. Para empezar, 200 contribuyentes de un total de 34,100 pagan más de la mitad del impuesto. Esto presenta un grado de concentración extremadamente alto y demuestra lo frágil de este al depender de pocos contribuyentes.

¿Pero quiénes son estos contribuyentes? No debe sorprender que la mayor participación entre esos 200 contribuyentes es la de los negocios de distribución al por mayor y al detal, particularmente las mega tiendas, los distribuidores de automóviles y los de alimentos y bebidas. Un hallazgo que sí nos sorprendió, fue que entre esos 200 contribuyentes están también muchas de las instituciones financieras. Finalmente, el análisis por contribuyente también demostró, cómo es la norma en todo nuestro sistema contributivo, que este impuesto está plagado de exenciones.

La eliminación y sustitución de este impuesto trae consigo unos retos importantes. Primeramente, hay que dejar a un lado la antipatía contra los municipios y sus alcaldes, y el deseo de muchosde desmantelar el sistema existente de un día para otro. Querámoslo o no, los municipios son los principales patronos en la mayoría de los pueblos y son los principales proveedores de ayuda y apoyo para muchos de sus residentes. Por lo tanto, eliminar este impuesto de golpe y porrazo, no es viable, ni recomendable desde el punto de vista económico y social. Por otro lado, la derogación de este impuesto constituye uno de esos cambios estructurales necesarios para nuestro futuro.

Cualquier mecanismo o mecanismos que se use para sustituir este impuesto debe tener la capacidad generadora suficiente para compensar los recaudos que se perderían. Además, debe considerar el efecto positivo o negativo en los sectores industriales (esto es, los ganadores y los perdedores). Por último, se debe incorporar un mecanismo de equiparación para evitar afectar negativamente unos municipios y beneficiar a otros.

En resumen, hay muchas razones de peso para eliminar el impuesto sobre la propiedad mueble. particularmente su componente vinculado al inventario, pero ante la fragilidad económica de los municipios y de muchas industrias e individuos tenemos que ser muy cuidadosos al seleccionar las fuentes de recaudos que la reemplazarán.

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