Raúl A. Pérez Rivera

Tribuna Invitada

Por Raúl A. Pérez Rivera
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El fraude al gobierno no es nuevo

Últimamente se han estado reseñando noticias sobre alcaldes que malversan fondos y otros políticos acusados de cometer delitos contra el gobierno. También se comenta del fraude con la compra y venta ilegal de cigarrillos. No es menos importante el problema de evasión contributiva.

Mucha gente cree, particularmente los jóvenes, que este tipo de actividad es nueva o reciente. Sin embargo, es muy probable que se hayan originado en la fundación de los primeros gobiernos. Dicho sea de paso, antes era más fácil que ahora cometer fraude porque la contabilidad se hacía a mano y no había oficinas de fiscalización como la del Contralor y Ética Gubernamental.

Una historia del siglo 19 se asemeja a los problemas actuales. En aquel tiempo, España denominaba a Puerto Rico y Cuba provincias de ultramar. Las islas compartían, entre otras cosas, los sellos de correo y de rentas internas. Para 1872, la guerra de los insurgentes cubanos contra el gobierno español debilitó económicamente a Cuba y, como efecto, se devaluó la moneda cubana. Por el contrario, Puerto Rico pasaba por un buen momento y decidió respaldar el papel moneda con oro.

Dadas estas circunstancias, en 1873 comenzó en Puerto Rico un fraude a gran escala contra el gobierno. En poco tiempo, habitantes de Puerto Rico se dieron cuenta que valía la pena visitar a Cuba, comprar con la moneda fuerte de nuestra isla y obtener un ahorro considerable (cualquier semejanza con la compra de prendas, bebidas y cigarrillos en islas vecinas es pura coincidencia).

Había “listos” que se dedicaron a comprar sellos de correo y papel sellado de rentas internas a un precio mucho más bajo de lo que se pagaba en Puerto Rico. De regreso a nuestra isla, los “listos” vendían los sellos y el papel sellado al precio establecido en Puerto Rico, obteniendo una ganancia sustancial.

En poco tiempo, el gobierno local se dio cuenta que no estaban entrando en las arcas gubernamentales lo debido (cualquier semejanza con el IVU es pura coincidencia). Así que, tan temprano como en marzo de 1873, el gobierno advirtió en el periódico oficial que la persona que incurriera en la práctica descrita sería considerada como defraudador y entregada como tal a los tribunales de justicia.

Pero los delincuentes de antaño se sentían tan seguros como los de ahora. La advertencia gubernamental no tuvo el efecto disuasivo deseado y el 9 de julio de 1873 el gobierno anunció que colocaría una contraseña (una rúbrica) sobre los sellos de correo y los de rentas internas para diferenciarlos de los de Cuba. Buscaba evitar el fraude contra el Departamento de Contaduría General.

El gobierno de época, en aras de economizar, decidió utilizar presidiarios de la cárcel de San Juan para colocar la contramarca en sellos y documentos fiscales. Se utilizaron diferentes sellos de goma (se conocen al menos tres marcas diferentes) y tinta china negra para estampar el impreso. Todo parece indicar que algunos de los cuños llegaron a manos de inescrupulosos (incluidos empleados gubernamentales) que siguieron, en menor grado, con la práctica fraudulenta ya que los recaudos no mejoraron al grado esperado.

Los sellos rubricados se siguieron utilizando en Puerto Rico hasta 1876, cuando a mediados de año se descubrió otro escandaloso fraude gubernamental con el manejo de las rúbricas. Para poner fin a este fraude, en 1877, el gobierno español no tuvo más remedio que emitir sellos (de correo y de uso fiscal), por separado para Cuba y Puerto Rico.

El lado positivo de la historia es que la emisión de sellos para nuestra isla da origen a la filatelia (coleccionismos de sellos) propiamente de Puerto Rico.

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