Brayan J. Sánchez Rivera

Tribuna Invitada

Por Brayan J. Sánchez Rivera
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El fronte del Frente por Puerto Rico

Si el destino le diera la oportunidad a Ricardo Rosselló, el gobernador,  de reencontrarse con Ricardo Rosselló, el candidato, de seguro que los reclamos ocuparían un espacio prominente en dicha conversación. “¿Cómo terminaste acogiéndote al Título III cuando prometimos que la quiebra no era opción? ¿Cómo terminaste aceptando la reducción de $450 millones a la Universidad de Puerto Rico cuando prometimos aumentarle esa misma cantidad?”, serían algunos de los reproches de su fantasma del pasado. Y es que los tiempos electorales no suelen ser amables con la verdad.

A esta larga lista de inconsistencias por reclamar, debemos añadirle una más: el pasado 22 de agosto se llevó a cabo la sesión inaugural del denominado Frente por Puerto Rico. Cerca de 80 personas, entre líderes políticos, religiosos, sindicales, empresariales y del tercer sector, respondieron a la convocatoria del gobernador. Allí, Rosselló planteó que el Frente dejaría a un lado cualquier otro tema que no estuviera en la agenda previamente establecida, compuesta por tres áreas: lograr paridad en los fondos federales de salud, que se incluya a Puerto Rico en la reforma contributiva federal e impulsar las recomendaciones del Task Force creado en virtud de la Ley PROMESA.

Esta iniciativa de la administración Rosselló da al traste con la postura que asumió en marzo del 2016, cuando rechazó asistir a la convocatoria del entonces gobernador, Alejandro García Padilla, de hacer frente común para repeler la parte de la Ley PROMESA que establecía una Junta de Control Fiscal. Más tarde, en mayo del mismo año, en medio de la campaña primarista, Rosselló le increpó a su rival, Pedro Pierluisi, en un debate: “Lo invitaron también a sentarse con el gobernador de Puerto Rico, bajo unas premisas de que el estatus estuviese en un segundo lugar. Llegando a una causa común de seguir la moratoria, de seguir los impuestos, de seguir la quiebra. Esta no es la experiencia que quiere Puerto Rico”.  

Al parecer, para el candidato Rosselló, claudicar en materia de estatus no era opción en este tipo de frentes, pero para el gobernador Rosselló esto no parece ser problema. Una vez más, Rosselló termina bebiendo del agua que juró nunca beber.

Llamar "frente" a un grupo de personas convocadas para impulsar una agenda que se estableció previamente en un cuarto oscuro, sin que mediara ningún tipo de diálogo o deliberación, es faltarle el respeto a la inteligencia de la gente. Los verdaderos problemas de Puerto Rico no radican en lo que todos estamos de acuerdo, sino en lo que falta por acordar.

Las agendas comunes no se construyen a base de la amnesia. Rehuir de lo que nos divide no es un comportamiento propio de los que nos llamamos demócratas. Los enemigos de la democracia apuestan a las agendas pre-establecidas, en lugar del diálogo para construir espacios comunes de acción.

Es fácil caer en el tentador juego de responder a convocatorias de unidadbasadas en frivolidades y apariencias. Lo verdaderamente difícil es señalar la hipocresía a cualquier costo, incluso el político. Podemos comenzar a construir sobre la zapata de los temas que nos unen, pero no podemos quedarnos ahí.

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