Mario Medina

Tribuna Invitada

Por Mario Medina
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El futuro cierto de la UPR

Si uno conociera el futuro la vida sería muy diferente. Mas, lo cierto es que, al observar las acciones tomadas por la recién nombrada Junta de Gobierno, el gobernador Ricardo Rosselló y su presidente interino uno puede presagiar lo que le depara a la Universidad de Puerto Rico (UPR), por lo menos en su futuro inmediato.

Aunque las frases, ya ensayadas, de los recién nombrados apuntan a encaminar la UPR correctamente en términos de temas importantes como su presupuesto limitado, probatorias de los recintos en sus acreditaciones, reestablecer la Beca Pell y, sobre todo, la paz institucional, lo cierto es que sus acciones están demostrando que el futuro inmediato de la UPR estará enmarcado, principalmente, en la política partidista.

No se consideró el posible impacto sobre la acreditación de los recintos al destituir de forma inmediata y concertada a todos los rectores vía email, declarando vacantes los puestos con el agravio que ni siquiera tuvo un plan B para proteger el bienestar de la institución. O sea, al momento de esta publicación, no hay rectores ni rectoras en ningún recinto. ¿Y la gobernanza? ¿Acaso el presidente interino no fue escogido por su peritaje en acreditaciones? Pero la gran culminación del control político será cuando nombren a los que sustituirán a los rectores de cada recinto.

Será interesante la comparación entre los que ocupaban los puestos, que el martes fueron declarados vacantes, contra los que designará ahora el presidente interino. ¿Serán personas con el mismo grado académico? ¿Tendrán la experiencia universitaria y administrativa necesaria? ¿Sabrán administrar más con menos? ¿Cuál es el pasado de estas personas?

Segundo, es de todos conocido que los cinco nominados a la Junta de Gobierno son contribuyentes del partido en el poder y, aunque eso no es ilegal, impulsa la preocupación. Por otro lado, todos son abogados, siendo una de ellas exsecretaria de Corrección, y dos exmilitares, que tampoco es malo.

Pero toca preguntar: ¿cuáles serán los pasos de esta junta cuando ocurra una disidencia o cuando se le cuestionen sus decisiones? ¿Estarán al tanto de que para la Middle States Commission on Higher Education (MSCHE) la libertad para disentir libre de presiones políticas es una condición indispensable para su acreditación y afiliación?

Por lo que tratar ahora de vender el discurso que el gobierno central va respetar la “autonomía universitaria” cuando, en efecto, ya han nombrado como corresponde a los que seguirán la política del gobierno central, y que asegurarán que la agenda de la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal de Puerto Rico (AAFAF) y la Junta de Control Fiscal se cumplan, confirman que el respeto a la “autonomía universitaria” no existe. Declarar a la UPR como servicio esencial es solo un reconocimiento verbal sin acciones económicas necesarias para afirmar que la pertinencia y solidez de la UPR son indispensables para el bienestar del país.

Esta óptica futurística solo cubre lo inmediato. No obstante, hay algo esperanzador que solo los que viven la Universidad pueden comprender:

¿Cómo es que la UPR, que ha estado al asedio de los partidos políticos por décadas y administrada ineficientemente, sigue produciendo, a un nivel transformador, no solo conocimiento sin igual sino también capital intelectual a pesar de las reducciones millonarias? ¿Cómo es que, a pesar de las profecías del desastre que predicen que la UPR es solo cuna para la disidencia e izquierda, vemos como nunca universitarios dándose a la tarea de insertarse en la sociedad, en las comunidades y en las columnas de opinión pública ofreciendo al pueblo otras miradas?

A pesar de todo lo anterior, nuestra UPR sigue de pie. Pero, ¿por qué? Porque la UPR se trata de vivir lo enseñado, de encontrar en la escasez una excusa para enseñar y analizar, de crear una economía con ideas distintas, de ver los obstáculos como oportunidades. Nos pueden quitar dinero, nos pueden tildar de disidentes, nos puedan minimizar, pero es claro que la salvación de este pueblo recae en los hombros de nuestros estudiantes que son y serán los futuros profesionales.

Soy testigo de cómo mis estudiantes ahora se abren camino a estudios más allá de la isla en universidades prestigiosas pero con la visión clara que ese capital intelectual que recibieron en la UPR les ayudó y es necesario para salvar el país. Son ellos, no las estructuras, los que propondrán las soluciones necesarias, no por lucro sino por amor a su patria. ¡Por la UPR!

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