Mari Mari Narvaéz

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Por Mari Mari Narvaéz
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El futuro inmenso

Tengo una amiga que a menudo me habla sobre su angustia más recurrente en medio de la devastación en que ha quedado nuestro país: imaginar cómo debe ser la experiencia de crecer y hacerte un joven pensando que no hay futuro para ti en tu país.

La entiendo. De joven, jamás imaginé que me tocaría vivir un desastre político, social y económico tan extremo en Puerto Rico. Pensaba, sí, que tendríamos grandes desafíos como el siempre pendiente estatus político pero, honestamente, creía que lo peor ya había pasado: el carpeteo, la represión oficial de toda disidencia, la pobreza extrema, la falta de acceso a la educación. Nunca crecí pensando que el futuro sería esto. No hablo de mi vida, si algo hemos aprendido ha sido a construir una felicidad privada, parcelada, casi a puerta cerrada. Hablo de nuestra vida, del país como posibilidad.

A los 15 y 20 años pensaba que ese futuro era inmenso y era hermoso. La obsesión de las familias de clase media en mi adolescencia era la educación. Terminaríamos siendo la generación más educada de la historia y yo me imaginaba el mundo como una concha que se abría casi tan infinita como un universo.

Antier, varias organizaciones presentamos una actualización del informe sobre las violaciones de derechos humanos a raíz del huracán que ya habíamos llevado a la Comisión Interamericana de DDHH en diciembre. Lo hicimos porque esas violaciones a derechos fundamentales como la educación, la salud, el agua, el acceso a la información y la libertad de expresión, continúan siendo extremas y, aún con todo lo que hemos enfrentado en estos meses -desde miles de muertes por la negligencia crasa del Estado hasta cierres de escuelas, pérdida de derechos laborales y abuso policiaco contra quienes protestan- aún no hay voluntad oficial para solucionar lo que ya es una crisis permanente.

Ante mi propio asombro prolongado, me pongo en los zapatos de los nuevos jóvenes del país, y pienso que a ellos se les robó más que a nosotros. Nosotros, al menos tuvimos la ilusión de que el futuro sería inmenso y ahora, entre intentos y obstinaciones y entre la alegría que también supone insistir en otro país, tenemos un referente feliz de lo que pudo ser y no ha sido. Pero ellos, ellas: ¿qué futuro van a imaginar?


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