Yazmín Álvarez Alatorre

Tribuna Invitada

Por Yazmín Álvarez Alatorre
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El gato con gripe azul

¿Ha escuchado ese dicho popular que dice que cuando el gato se va, los ratones hacen fiesta? Pues la fiesta empezó hace rato. Al gato le dio la gripe azul y los ratones bailan al son del oportunismo.

Hablemos claro: el país llegó al nivel donde la realidad superó al amarillismo. El sensacionalismo que debería sorprendernos, asustarnos, causarnos indignación o alboroto, se ha convertido en nuestro diario vivir. Eso de que “Puerto Rico se levanta” ya está más trillado que el “despacito” mareador. El eslogan va escuchándose cada vez más como una ironía, como una burla en la que los verdaderos luchadores (casi mártires) que se han quedado a “levantar” a un Puerto Rico quebrado y vacío creen cada vez menos.

Preocupaciones por aquí, preocupaciones por allá. No hay que preocuparse ¡hay que ocuparse! Ya estamos cansados de escuchar acerca de la debacle ocasionada por el éxodo poblacional, hartos de saber que aquellos que están supuestos a cubrir una de las necesidades básicas en los seres humanos, la seguridad, estén de brazos caídos y enfermos. El “blue flu” le llaman. Esa “enfermedad” ocasiona una epidemia social, con graves consecuencias, pues mata a personas completamente sanas de un momento a otro. Sí, mata, y no precisamente al que la padece. Esos miles de policías enfermos de rabia y abandono, cegados por el abuso de no ver remunerado su trabajo, están creando una epidemia, un caos. Ya es justo que alguien atienda su reclamo. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Escalamientos, asesinatos, robos de auto a mano armada, asaltos domiciliarios abusivos contra ancianos y un largo etcétera. Los casos siguen aumentando. Y ¿qué hacemos?, abrirles la jaula a esas fieras, despejarles el camino, quitarles a sus depredadores y ponerle a sus presas en bandeja de plata. El crimen era un asunto grave antes del huracán, ahora no sólo se intensificó sino que arrastra consigo a más víctimas que las que alcanzan las balas y puñales. Me refiero a aquellos que abandonan el país, no para buscar mejores ingresos económicos, sino por miedo, el maldito miedo que es lo que terminará de vaciar a esta isla que poco a poco pierde su encanto a cuenta de aquellos que se quedaron a hundirla, a lastimarla.

Pase una noche por Bayamón, Caguas, Carolina, San Juan y tantos otros municipios que parecen estar en guerra, para que escuche fuegos artificiales sin ver ni un destello de luz en el cielo. Definitivamente que los que nos quedamos somos valientes, muy valientes.

No hay policías, y dudo que el Chapulín Colorado sea el que venga a defendernos.

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