Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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El Gobernador marca sin querer

La suma de $8,221 millones que ha asignado a Puerto Rico el Departamento de la Vivienda federal, calificada de histórica, y que servirá para labores de construcción y planificación en la isla, se produce en un ambiente enrarecido, con el gobierno cada vez más crispado y negado a la realidad.

Para empezar, invito a los lectores a que busquen en internet los presupuestos generales de otros países latinoamericanos y caribeños, y el porcentaje que representa esa cifra, $10,000 millones (el mes pasado Vivienda federal ya había desembolsado más de $1,500 millones), tratándose de naciones que tienen el doble, el triple, veinte veces más población que Puerto Rico.

La construcción ha sido un rubro que tradicionalmente le ha dado muchas alegrías al desarrollo integral del país, con toda la actividad que se genera a su alrededor, pero también se ha caracterizado por generar corrupción, fiascos, trampas de toda índole, fraude con materiales, sobornos y grandes chanchullos o daños medioambientales.

En ese marco, y con esos truenos, el secretario de la Vivienda federal advierte que se han diseñado unos controles “financieros y administrativos” rigurosos, lo que quiere decir que estarán encima del dinero, hasta el último centavo, realizando auditorías periódicas y oyendo confidencias sobre cualquier irregularidad. Quiere decir también que el que pretenda pasarse de listo usando el dinero para otros fines, o simplemente saltándose las reglas que va imponer Vivienda, tiene una patita en la cárcel por malversación, y en guerra avisada, ya saben.

Al Departamento de la Vivienda de Puerto Rico le toca la responsabilidad extrema de hacerse cargo de esos fondos y, por supuesto, recibir a los auditores federales que estarán metidos aquí un día sí y otro no, pidiendo cuentas y examinando contratos. ¿Cómo se traduce eso en términos de la política local? Muy fácil: no pueden empezar los legisladores, o sus ayudantes, a marcar el número del Departamento de la Vivienda, en la Barbosa, y pedir que le pongan con el secretario. El secretario, si es listo, no debe cogerles el teléfono; por el contrario, debe exigir que se lo den todo por escrito. Cuando los alcaldes, o los próceres del Capitolio, quieren recomendar a un empresario al que le deben dinero, o que les colaboró en la campaña, deben encontrarse con el muro del terror. Así mismo. No funciona otra cosa. Decir $10,000 millones en una línea de crédito de la que se puede tirar para tantas cosas relacionadas mayormente con el cemento y el ladrillo, es decir que mañana mismo en el Departamento de Estado, habrá una fila de repentinos empresarios para incorporar sus negocios.

En lo que corresponde a La Fortaleza, ningún equivocado o equivocada llame tampoco a los funcionarios locales de Vivienda. Ojo: Gran Hermano los vigila. Miren lo que le pasó a esa organizadora de eventos de la Mansión Ejecutiva, que estaba tan tranquila, cuando la llamó una amiga, “wedding planner” agobiada comoen las películas, con el transcendental problema de que no tenía cómo llevar los trastos de una boda a Vieques. La funcionaria de La Fortaleza la conectó con jefe de las lanchas, y el resto es historia. Todo el mundo a la calle, menos los contrayentes, que todavía andan de luna de miel.

El gobernador Rosselló ha indicado que la asignación de esos millones al país, es una muestra de confianza del gobierno de Estados Unidos en su administración. ¿Una muestra de qué? Será una muestra de compromiso, o de interés en frenar la emigración, creando fuentes de empleo y dándole un aire al desarrollo. Pero una muestra de confianza, no. Lo último que tienen es confianza. ¿Qué pasa, que creen que en Vivienda federal no se enteran de ciertas cosas que está ocurriendo?

No puede haber confianza en un Ejecutivo que se confabula con la Asamblea Legislativa, para aprobar 24 resoluciones conjuntas, reasignando unos $40 millones por encima del presupuesto aprobado; reasignaciones enmascaradas en obras santas y buenas, pero que son en realidad simples barriles de tocino. Esto, saltándose la seriedad de un presupuesto que se supone sea intocable. Entonces tiene que venir la Junta de Control Fiscal a anular esas resoluciones, acaso demasiado tarde, porque el presidente del Senado ha dicho que “ese dinero ya se gastó”, o sea es irrecuperable. Riéndose, además. Ese es el ambiente enrarecido, y tengo la sensación de que más temprano que tarde le pasarán la cuenta.

El gobierno puede hacer de la limonada jugo de fresa, como ha hecho el gobernador al tratar de llevarse los méritos de la descomunal asignación de Vivienda. Pero cada vez habrá más fiscalización y más control. La Legislatura ha entrado en una etapa vegetativa, y allá dentro lo saben. Patalean de la manera más infantil, aprueban a la desesperada unos desembolsos que tienen que consultar antes, y se gastan el dinero a la carrera, como el niño que se lleva un dólar y cuando se lo reclaman señala la barriga porque se comió el dulce.

Por cierto, el presidente Trump ya regresó de Hanoi, no de muy buen humor porque se le torció el acuerdo con el norcoreano. Ya sabemos que las otras noches le dijo a Rosselló: “No me llames, que yo te llamo”. Pero el Gobernador debería darle un “toquecito” con cualquier excusa. Sobran esos argumentos como: “Perdone, marqué sin querer”.

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