Yarimar Bonilla

En Vaivén

Por Yarimar Bonilla
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El gobernador resiliente

Parece apropiado que el auto-nombrado “gobierno millennial” sea derrumbado por sus propios mensajes de texto. Así como Richard Nixon cayó por el peso de lo evidenciado en las grabaciones que él mismo hacía en su oficina, el gobierno de Ricardo Rosselló  parece haber colapsado por la miopía y el narcisismo que genera el poder.  

Me refiero no solo al poder que se ejerce desde La Fortaleza o el Capitolio, sino también al poder cotidiano que un hombre, heterosexual, atlético, de piel clara, ojos azules, y nombre reconocido disfruta en una isla caribeña.  Indudablemente esta trayectoria personal, y las ínfulas que esto debe haber desarrollado a través de los años, fueron lo que llevaron al gobernador a pensar que los chats virtuales se los lleva el viento, que las expresiones misóginas y homofóbicas no tienen consecuencias mayores, que los fieles de su partido (o mejor dicho el partido de su padre) nunca romperían fila, que las divisiones ideológicas en Puerto Rico jamás permitirían lograr un reclamo común, y que no importara lo que pasara, lograría salir airoso. Seguramente estas mismas ínfulas fueron lo que lo llevaron a declarar, luego de su llegada de Europa, que él era un gobernador “resiliente.”

No puedo imaginar una frase más ofensiva dentro del contexto del Puerto Rico actual.  En los pasados dos años se le ha exigido al pueblo una insoportable resiliencia. Se le ha obligado a desarrollar la capacidad de resistir embates, de aprender a vivir sin servicios esenciales, a guiar en calles obscuras sin semáforos, y a tratar de llevar una vida digna mientras se bebe agua de lluvia, mientras se entierran muertos en fosas comunes, se toman clases en vagones, se pierden días en las filas de CESCO y se esperan meses para atender una condición crónica de salud. 

Mientras los ciudadanos luchan con una cotidianidad cada vez más desgastante, el gobierno y las agencias de publicidad celebran la resiliencia de vivir bajo un toldo, de aguantar y de #NoQuitarse, de tener que reconstruir bloque a bloque sin ayuda de FEMA, y de llevar a cabo una recuperación a fuerza de voluntad, sin los fondos desaparecidos de telemaratones, y sin jamás entender qué hicieron “Unidos por Puerto Rico,” “Tu Hogar Renace,” y tantos otros programas con nombres de lemas vacíos.

En esta era de resiliencia, muchos hemos recurrido a conversaciones virtuales que tal vez no parezcan tan distintas a las del gobernador. Nos hemos reído para no llorar, hemos perdido tiempo chismeando de concursos de belleza y otras tantas banalidades, hemos tirado palabras de domingo y circulado memes para “liberar estrés.” Tal vez hasta hemos dicho cosas que quisiéramos poder borrar.  

Sin embargo, es importante señalar que lo que circulaba en el chat del gobernador no eran simples relajos, sino verdaderos actos de violencia estatal. En estos se revelan amenazas de carpeteo, como cuando Rosselló especula que se debe destituir a la esposa de Dalmau para reemplazarla con un estadista. Se habla del uso indebido de fuerzas policiacas, como cuando Christian Sobrino se queja de los videos “locos” de Manuel Natal sobre la corrupción y la payola, y Rosselló sugiere que se le debe enviar la Policía—a lo que Edwin Miranda responde que definitivamente hay que hacer algo para que ese muchacho “se escarmiente”. Se especula sobre cómo impedir la labor de un monitor federal para la Policía, y repetidamente se muestra interés en desestabilizar instituciones públicas, como la Universidad de Puerto Rico, WIPR, el Instituto de Estadísticas y la Autoridad de Energía Eléctrica.

Mientras que el chat del gobernador representaba un lugar desde donde celebrar el poder (por ejemplo, el poder de mover la obra musical “Hamilton” no importa el daño que le causara a la Universidad, o el poder de lograr “engañar hasta a los nuestros”), los chats en que participamos los ciudadanos son un lugar para manifestar precisamente nuestra falta de poder. Los memes que circulamos a diario con drones chinitas de lujo o fotos de #HijosTalentosos representan una forma de ventilar nuestra sed de ver un cambio positivo en el país, la frustración que sentimos al percibir que no tenemos los recursos para lograrlo, y el coraje que nos da cuando los que timonean el país desperdician oportunidades y fondos.

En ese sentido es posible que lo más chocante del chat del gobernador no sea su contenido sino sus silencios. En las casi mil páginas de conversación no se expresa jamás un deseo de mejorar la situación en Puerto Rico, o de encontrar soluciones a los problemas que enfrentamos como pueblo. 

Las pocas veces que algo parecido a una discusión de política pública rompe la monotonía de narcisismo, insultos, y mofas—como, por ejemplo cuando se discuten los problemas de transportación de Vieques y Culebra, el desastre de "Tu Hogar Renace", los problemas de hostigamiento sexual en la Policía, o el costo financiero del acuerdo de Cofina— ni el gobernador ni sus asesores muestran interés alguno en realmente atender estos asuntos. Sus discusiones se centran únicamente en cómo esconder estos problemas, darle “spin” en los medios, e insultar a los periodistas que los tratan de destapar.

No solo esto, sino que además se ve claramente en las discusiones la ignorancia total que tienen los miembros del chat sobre los problemas que enfrentan los puertorriqueños. En un momento dado Christian Sobrino pregunta “O sea, ¿Hogar Renace de verdad ha sido tan malo? Pregunta seria”.  Al hablar del servicio de lanchas a Vieques y Culebra, Carlos Bermúdez comenta “Vi fotos de cosas básicas como los baños y wow”. Por su parte, Sobrino especula que los que tomen el ferry “a propósito” y se quejan del servicio tienen que estar locos. Hacia el final del chat a Christian Sobrino le preguntan si realmente Cofina representa un costo elevado a la ciudadanía— la última pregunta se aclara que se hace no por preocupación social, sino simplemente para saber cómo manejar la discusión en los medios.

En las cientos de páginas de conversación lo más parecido a un llamado al servicio público aparece cuando Maldonado sugiere que tal vez deberían dejarse de chistes y enfocarse en asegurar el legado de la administración de Ricardo Rosselló. Claro, aún aquí el enfoque es en la proyección, y no en el desarrollo de un verdadero cambio para Puerto Rico. Algunos dirán que se trataba precisamente de un chat enfocado en las comunicaciones, pero aún en esto lo que demuestran es el intento de desinformar al pueblo: usando troles, vídeos “silvestres”, intentando influenciar a periodistas, y buscando la forma de que los críticos a la administración “escarmienten”. 

Frente a estas revelaciones, y el coraje indudable que han producido, el gobernador debería tal vez dejar de apostar a la resiliencia. Llevamos ya casi dos años escuchando repetidos llamados a desarrollar la capacidad de sobrellevar golpes y manejar crisis frente a un estado en bancarrota económica y moral.  Pero puede que la famosa frase “Puerto Rico se Levanta” esté a punto de tomar un nuevo significado. Quizás los puertorriqueños por fin lleguemos a darnos cuenta de que somos algo más que meramente resilientes, y que no solamente somos capaces de aguantar dificultades, sino también de sostener protestas y de resistir en el sentido político de la palabra para juntos exigir nuevas y mejores posibilidades.

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