Marlese Sifre

Tribuna Invitada

Por Marlese Sifre
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El gobierno consintió a la reducción de la jornada

Me pareció estar inmersa en un déjà vu mientras escuchaba a la Junta de Supervisión Fiscal imponerle a los miles de empleados públicos de Puerto Rico una reducción a su jornada laboral. Era revivir la tragicomedia en la que estamos inmersos los empleados municipales de Ponce desde 2009 y que en 2014 se agravó al aumentarse a una reducción de 20 horas semanales.

Me transporté emocionalmente al Tribunal de Ponce y reviví con dolor cada una de aquellas vistas de injunction en la que el hoy secretario de Asuntos Públicos, el licenciado Ramón Rosario, defendió la posición del Municipio de Ponce ante la implantación de una reducción de jornada arbitraria y abusiva.  El mismo secretario de Asuntos Públicos que hoy, como funcionario de gobierno, esboza en sus comunicaciones que la reducción de jornada es mala para los empleados del gobierno central. Imposible dejar de preguntarme ¿cómo hoy puede defender a capa y espada esa postura cuando hace apenas tres años decía todo lo contrario? 

Para el licenciado Rosario aquella reducción de jornada “no iba a afectar” los servicios ni la economía local. Los derechos propietarios de un empleado público sobre su salario habían dejado de existir, según sus argumentos en Corte, gracias a la Ley 7 que implantó Luis Fortuño. Y teníamos que hacer ajustes. 

Hoy, el secretario asume una postura acomodaticia por el mero hecho de ser funcionario público bajo una administración del Partido Nuevo Progresista que esbozó como estandarte de campaña que no reduciría la jornada laboral. Le mienten al país y a los miles de empleados de gobierno cuando pretenden defenderlos sólo porque sigue un libreto. 

La reducción que impone “alegadamente” la Junta es reseñada por todos con atención, y alarma al pueblo. Una reducción que sabemos que fue acordada, consentida y propiciada por este gobierno que de antemano y con malicia había orquestado la misma en el Plan que certificó la Junta en marzo. El mismo plan cuya aprobación celebraron con bombos y platillos tipo quinceañero en el patio de La Fortaleza.

Lo más indignante, el doble discurso de un gobernador que, por un lado, asegura que defenderá la jornada de los empleados públicos, aún a costa de la confrontación con la Junta e incluso la cárcel, pero hace mutis sobre la reducción a empleados en municipios que administran alcaldes de su administración. Me pregunto: esos alcaldes ¿retarán a la Junta como el gobernador, o retarán al gobernador?

En aquel  momento, el país que tomó livianamente nuestra situación y denuncias como empleados municipales que exigían a grito atención y ayuda, hoy, despierta a la realidad:  que la reducción de la jornada a empleados públicos es mala para todos los puertorriqueños.

Somos el espejo de lo que vivirá Puerto Rico. Se ha destrozado nuestra economía,vivimos reinventándonos para subsistir y somos fuente de apoyo y solidaridad para todos los empleados públicos más allá de colores, pues sabemos en carne propia lo que les espera, porque hemos vivido la desesperanza y desesperación. Nuestro llamado es a exigir nuestros derechos y nuestros salarios siempre, no cuando el golpe nos toca, ahora nos jugamos la vida y la del país.

¡Siempre en resistencia y lucha!

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