Jesús Manuel Ortiz

Tribuna Invitada

Por Jesús Manuel Ortiz
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El gobierno falló

El país está molesto. Es comprensible. Todos ansiamos la normalidad, pero cada día que pasa chocamos con una versión distinta del 20 de septiembre de 2017. “Seguimos en el día uno”,  pensamos.

Mientras luchamos y vivimos las mismas vicisitudes todos los días, escuchamos a funcionarios del gobierno que, como si vivieran en una realidad alterna, nos piden pasividad mientras intentan convencernos de que todo está mejorando y que las cosas pronto regresarán a la normalidad.

Les creímos las primeras semanas. Fuimos solidarios y hasta portavoces del optimismo por más de un mes. ¡Puerto Rico se levanta! le dijimos a más de uno. Como oposición política respetamos el espacio que necesitaba el gobierno y colaboramos en misiones solidarias y de rescate, pues después de todo, el país siempre va por encima.

Pero esa solidaridad no puede ser un cheque en blanco para esconder ineficiencia, falta de urgencia y mucho menos acciones cuestionables con fondos públicos. Es evidente que están desorganizados, que no hay medición real de resultados ni una cadena de mando clara y que el gobierno nos ha fallado.

Todos los componentes críticos responsables de que la sociedad funcione fallaron y nunca se activaron protocolos de emergencia para sustituirlos. El gobierno nos falló en salud,  en energía eléctrica, en seguridad pública, en bienestar social, en su respuesta a la emergencia, en la defensa al consumidor y en proteger el motor de desarrollo económico de Puerto Rico.

El Departamento de Salud nos falló. La incapacidad administrativa del secretario fue evidente en la pobre respuesta de su agencia. No ejecutaron los protocolos más básicos para atender y prevenir brotes como el de leptospirosis, a muchos les fue imposible tener acceso a medicamentos, no se supo de un plan claro para garantizar el funcionamiento de hospitales, centros de diálisis y suplido de oxígeno, y brilló por su ausencia una estrategia de comunicación para proteger a la ciudadanía de cualquier amenaza a la salud pública, incluyendo la pobre calidad de agua. 

El secretario de Seguridad Pública nos falló. La ciudanía no tiene paz, los delitos contra la persona y contra la propiedad se han disparado y la impunidad es la orden del día. La falta de información y los datos desacertados y confusos sobre la cantidad de víctimas del huracán Maria es inaceptable y vergonzosa. La poca presencia pública sustantiva del componente de seguridad en un momento tan crucial es imperdonable. 

El componente encargado del bienestar social nos falló. Al día de hoy miles no pueden usar su tarjeta del PAN pues no hay sistema de ATH, un número indeterminado de ancianos ha estado jugándose la vida por las malas condiciones de sus hogares o falta de servicios básicos en sus egidas. Ni hablar de las condiciones de miles de niños en la Isla cuyascasas quedaron destruidas y sus vidas trastocadas para siempre. Mientras todo esto ocurre, nadie sabe las gestiones que ha estado haciendo el Departamento de la Familia por los pasados 40 días.

El secretario del DDEC nos falló. Lo hizo al no ejecutar de inmediato un plan para energizar o buscar opciones reales para garantizar funcionalidad a las empresas farmacéuticas. Entidades que emplean a más de 18 mil puertorriqueños y que ahora amenazan con irse de Puerto Rico pues nadie les sabe decir cuando tendrán energía eléctrica. Nuestra economía está detenida y sentenciada a una muerte acelerada si más pronto que tarde no tenemos al menos la capacidad de energizar las zonas de alto valor comercial y económico.

El secretario de Estado, encargado de los asuntos de logística, falló en poner en vigor un plan efectivo de distribución de ayudas. Falta de combustible y caos en las gasolineras, escasez de alimentos y agua convirtiendo los supermercados en lugares con enormes filas y góndolas vacías.

El secretario del DACO falló. Su actuación ha sido lenta, tímida y tardía. Falló en proteger a los consumidores de comerciantes inescrupulosos. Todavía vemos aumentos en artículos de primera necesidad, tales como agua, gasolina, plantas eléctricas y alimentos. Los consumidores no han tenido de su lado al tradicional y aguerrido DACO.

El director ejecutivo de Energía Eléctrica, Ricardo Ramos, también nos falló estrepitosamente.  Su desempeño ha estado marcado por declaraciones contradictorias y por poca o ninguna información sobre el estado específico de nuestra infraestructura eléctrica. Desde antes de la llegada del huracán, Ramos proclamó que la ayuda para restaurar nuestro sistema eléctrico estaba convocada, para luego enterarnos que habían rechazado la misma para ofrecer un cuestionable y escandaloso contrato de $300 millones a una desconocida empresa de Montana. Un contrato que defendieron a capa y espada contra todo el mundo y que terminaron cancelando para solicitar la ayuda que debieron solicitar desde el día 1. A 40 días los atrasos y las contradicciones de la AEE continúan. El país sigue a oscuras.

Todo lo que les he narrado son síntomas de un mal de fondo. De esos que marcan gobiernos desde su inicio. La inexperiencia y la improvisación demostrada en este mes tiran por la borda el perpetuo operativo de relaciones públicas con el que el gobierno pretendía sostenerse. Eso no funciona cuando llega la hora de ejecutar de verdad.  La reiterada comedia de errores y la desconexión del gobierno de la realidad que vive el país, quedó al descubierto. Ante esa realidad es momento de señalar con firmeza a los responsables, comenzando por quien tiene el mandato de dirigir el gobierno de Puerto Rico: el gobernador Ricardo Rosselló. Esperamos asuma su responsabilidad con la verticalidad que requiere el momento. 

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