Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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El Gobierno no existe

Hoy por hoy, la estructura gubernamental es un montón de libretitas con borrones y tachaduras donde cada cual —cada agencia, cada corporación pública, cámaras legislativas y el Ejecutivo— ha escrito lo que le da la gana. La gobernanza se ha venido abajo.

Un gobierno asentado en la fantasía, no es viable.

Un gobierno construido, trocito a trocito, sobre una monumental ficción, tampoco lo es.

La noticia aparecida en primera plana de este diario, el pasado jueves, es lo más alucinante que se haya publicado hasta ahora respecto a la crisis financiera por la que atraviesa el país. Los auditores independientes, encargados de validar el estado de las finanzas públicas para el año 2015 (¡todavía el 2015!), han dicho, en palabras finas, que no se iban a ensuciar las manos con los documentos que les entregaron: no dan fe de esos números, no se responsabilizan por los datos que contienen, carecen de la información requerida y, por lo tanto, no tienen manera de saber cuánto es verdad y cuánto es mentira.

El panorama es escandaloso, y aunque sé hayan destapado otros escándalos esta semana, ninguno puede costarnos tan caro como este. Entre esos otros escándalos está el arresto del alcalde de Sabana Grande, un hombre que estuvo atornillado a su sueldazo y privilegios por más de dos décadas, síntoma de la “democracia” reelecta y vuelta a reelegir. Está la demanda radicada por el Gobernador contra la Junta de Control Fiscal, que es el Plan B que ya estaba acordado. Está la enfermedad del sueño en el Hospital Municipal de San Juan, donde, según el relato de la alcaldesa, se encontró durmiendo a dos guardias y a una doctora (no juntos, en distintos lugares), y luego, siempre de acuerdo con su testimonio, vio a un policía municipal “tocándose los genitales”, en la calle Luna del Viejo San Juan.

Todos ellos son escándalos menores si se comparan con el que ha revelado la firma KPMG, auditores que simplemente tiraron la toalla. El mensaje que mandaron a los mercados, al Gobierno de Estados Unidos, al Congreso y al Trubunal de Quiebras, es que ellos no se van a jugar su reputación validando unos papeles incompletos y tortuosos, entre los que están los informes financieros de la Superintendencia del Capitolio, la Cámara, el Senado, la Administración de Vivienda Pública y la Corporación del Fondo del Seguro del Estado.

Con ese telón de fondo, con esa realidad, ¿cómo se atreven a decir en Cámara y Senado que la mayoría de los legisladores estará “de vacaciones fuera de Puerto Rico”? Esto es un momento tan grave, podríamos decir que tan de vida o muerte, que es inconcebible que se vayan a pasear como si tal cosa. Cuando ocurre un desastre natural, un atentado terrorista, cualquier evento que sacude a un país, los principales líderes se quedan en sus puestos, a la disposición de la gente. Y si se da el caso de que están fuera, regresan.

Quien no haya entendido todavía que esto se fue a pique, y que están a punto de tomarse decisiones irrevocables, por ejemplo en la sala de la jueza Laura Taylor Swain, ya no va a entender nada. Si simplemente se dieran cuenta de que hay una emergencia nacional, y deben estar donde el deber impone, no estaríamos tan hundidos.

Para los que están pidiendo una auditoria urgente, éxito y que nos avisen cuando la terminen. Les resultará un poco difícil trabajar con el retorcimiento de papeles de sucesivos gobiernos, llenos de lagunas, omisiones, cálculos traídos por los pelos. Exgobernadores que hoy se dan golpes de pecho, provocaron descaradamente el desastre.

El problema, ahora, no es definir el monto exacto de la deuda, billones arriba o billones abajo. Sea lo que sea, no se va a pagar ni la quinta parte. El problema es ver cómo se reconstruye la confianza en un país que depende de ella porque no hay una banca nacional. No hay un yacimiento de gas o de petróleo con el que se pueda negociar a largo plazo (el orden mundial ya lo deciden los grandes productores de hidrocarburos, por un lado, y los grandes consumidores por el otro). No hay una industria a la que podamos aferrarnos con uñas y dientes para que la Isla vea la luz a corto plazo.

Hace mucho rato que el tiempo se acabó. Los políticos saben que hay que empezar de cero. Lo que tenemos delante es lo que hay, una quiebra rotunda a la que, para colmo, se suma una opinión que es casi un martillazo: los papeles, las cuentas y las auditorías que entregaron las diferentes ramas del gobierno a los auditores externos para que validaran un estado financiero, un documento vital incluso para poder acceder a fondos federales, son un puñado de hojitas vergonzosas.

Tendrían que nombrar no una, sino tres juntas fiscales. Tres. Y todavía añoraremos la cuarta.

¿De qué gobierno "democrático" hablamos?

El gobierno terminó.

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