José Luis Galarza

Punto de vista

Por José Luis Galarza
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El gobierno se ha quedado solo

No perdamos el foco de atención de lo primigenio, de lo que trasciende. La desigualdad, sea utilizada como insulto o como petición de agravios, sencillamente se rechaza. No puede ser bastón que apoya la repetición de una realidad: no estamos preparados. O, inclusive, que se utilice una desigualdad social para ocultar otras de mayor impacto. De ahí el llamado a no destinar nuestras energías a discursos que ocultan los desmanes en política pública tras argumentos politiqueros.

Las emergencias vividas son manifestación inequívoca de ese hecho. No importa cuánta culpa lancemos al gobierno, ni cuánta nos devuelva el gobierno, la realidad es la misma. La insensibilidad gubernamental, la ausencia de un norte, la incapacidad para enfrentar una emergencia domina el escenario de nuestras vidas como país. Sí, somos suertudos. ?pero ni el futuro ni la certeza se construyen sobre la suerte.

A la fecha, la respuesta gubernamental carece de logística, es más un remiendo que una coordinación que funcione organizadamente. El caos que produce la naturaleza en nuestras formas y costumbres diarias es quien parece dictar la forma en que se responde. Por tanto, el caos parece imperar. De igual forma, la insensibilidad, incapacidad y las formas políticas retoman un espacio preeminente que azota la cruda realidad de miles de puertorriqueños que viven un ambiente de inestabilidad, ansiedad, temor e incertidumbre.

¿Cómo se manifiesta eso? No es que sea una competencia de velocidad, pero la declaración de emergencia y la petición de asistencia federal tardó demasiado. Como el que queda inmóvil ante el primer temblor fuerte, así reaccionó el liderato gubernamental. Y todos sabemos que el tiempo es implacable en situaciones normales; cuando se trata de atender emergencias, cada segundo hace la diferencia en lo esencial, en la vida misma. Luego, no hubo un mensaje claro y coherente hacia nuestra gente. A una semana del jamaqueón del día de Reyes, es que inició operaciones el primer campamento del gobierno central. Mientras, fueron los entes municipales, las comunidades y los puertorriqueños todos, quienes dieron el frente. A esta fecha, aún el gobierno federal se encuentra evaluando si accede a la tardía petición de desastre mayor de una gobernadora que prefirió hacer fotos y caminatas.

En medio de esta realidad, la gobernadora entendió imperativo nombrar un secretario de Asuntos Públicos. Claro está, el mensaje es más importante que la acción. Bueno, si no es eso, es lo que podemos entender. Ya que la acción gubernamental es el método de plantear prioridades. Se actúa sobre lo que importa, se relega lo irrelevante. Si le sorprende todas las cosas que no atiende el gobierno cuando se mira con este crisol, pues queda claro lo poco importante que resulta para el gobierno lo que para nosotros es absolutamente prioritario en nuestras vidas diariamente. 

Ahora, en una situación de emergencia,resulta mejor hablar de letrinas, fiestas y controversias espurias, que atender y afrontar con verticalidad, verdadero compromiso y empatía la dura crisis que enfrenta una importante región del país. Relegar el sur no es un asunto nuevo en política pública, pero cuando se trata de una emergencia es devastador. Tras el embate del huracán María, fue la región este la que recibió toneladas de indiferencia e insensibilidad.

Una respuesta incoherente no puede dar resultados coherentes. Por eso los puertorriqueños se han adueñado de la respuesta inmediata, de proveerle a sus hermanos alimentos, provisiones y techos temporeros. En fin, se ha relegado al gobierno a su autocomplacencia fotográfica y mediática, desde la soledad. Ni siquiera son capaces de convencernos de que pueden hacer llegar suministros a los que lo necesitan. Sus centros de acopio han quedado como su respuesta, vacíos. El huracán María retrató al gobierno de cuerpo entero, sin filtros, tal cual son. Y es que los puertorriqueños hacen honor con sus actos a las palabras de Ralph Waldo Emerson, “nada te puede dar paz como el triunfo de los principios”. La soledad gubernamental certifica el triunfo de los principios sobre la desigualdad.

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