José Rodríguez Gómez

Punto de Vista

Por José Rodríguez Gómez
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El golpe de la criminalidad en los niños

Cuando los niños quedan expuestos a actos criminales en su comunidad, como un tiroteo en los que personas resultan heridas o asesinadas, pueden surgir diferentes reacciones y es importante considerarlas todas.

Algunos menores pueden experimentar miedos, desconfianza o recelos en sus relaciones sociales, incluyendo las familiares.

La inseguridad surge después de la experiencia de violencia extrema y no es para menos. Se sienten desprotegidos y pudieran desear quedarse en la casa. Puede ser que se sienten desamparados y vulnerables. 

También, pueden comenzar a experimentar insomnio, lo que interrumpe el sueño reparador, esencial para los niños y niñas en su desarrollo.

Hay que considerar que en ciertos casos temen volver a la escuela, por considerarla insegura, sobre todo si los actos violentos han sido en la cercanía de su plantel o han involucrado a conocidos. 

En la escuela también pueden presentar problemas de concentración, lo que afectaría su aprovechamiento académico o aprendizaje. De igual forma, puede haber alteraciones en las relaciones sociales entre sus compañeros de clase. Esto puede afectar el proceso sano de socialización. 

Por otro lado, no es inusual que el apetito cambie y que algunos se quejen de dolores, por ejemplo, de estómago, cabeza o musculares.

Puesto que las acciones violentas o agresivas pueden ser imitadas, sobre todo si no hay quien ayude a manejar sus inquietudes o temores, es necesaria la intervención sabia y prudente. 

Hay que ser cuidadoso, sensible y amoroso para manejar estas situaciones.

Es importante que se exhorte y motive a los niños para que expongan cómo se sienten y se les pueda escuchar sobre lo que opinan en torno a lo que han visto. 

Como adultos responsables debemos permitir que puedan manifestar, sin temor, lo que están sintiendo, incluyendo el temor, la ansiedad y el enojo

Es útil discutir la posibilidad de cómo podrían actuar en ambientes peligrosos a los que puedan exponerse eventualmente y cómo pueden manejarlos. Así sentirán que tienen algún control.  

Las investigaciones en criminología, consejería psicológica, psicología clínica y trabajo social, entre otras áreas, han demostrado que aquellos niños expuestos a actos violentos consecuentemente pueden tender a repetir, y hasta acostumbrarse, a los actos violentos. Así perpetúan el ciclo de violencia, que puede continuar por generaciones, magnificando el problema a nivel social. Es necesario, pues, considerar prioritariamente la utilización de asistencia profesional para ayudar a los menores a manejar sus inseguridades y dirigirlos a restaurar la normalidad en su entorno. 

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