Benigno Trigo

Punto de vista

Por Benigno Trigo
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El gran hotel: el Normandie

En febrero se vence el plazo de una opción de compra para un grupo de desarrolladores locales del Hotel Normandie en San Juan. El hotel está designado como edificio histórico y pertenece a una empresa con sede en Houston, Texas. 

Cuenta la leyenda que fue un regalo extravagante del ingeniero puertorriqueño Félix Benítez Rexach a su esposa francesa Moineau. Cerró a finales de los sesenta, y ha reabierto y vuelto a cerrar varias veces desde entonces. Está cerrado y destartalado hace más de diez años.  

El Normandie aparece en la portada de la última obra de Edgardo Rodríguez Juliá, una crónica sobre tres hombres obsesionados con la pretensión, con “querer ser más, o lo que no se es”. El narrador cuenta la historia grotesca y perversa de tres personajes que toda su vida han sido fantoches, títeres o muñecos movidos por los hilos de esa pretensión, por el deseo ser varones antillanos: “hombres importantes”, como decían los anuncios de la colonia Varón Dandy en Puerto Rico. Un tenor venido a menos (Antonio Matos Paoli), un mulato obsesionado con la historia de otro (Don Quirico) y el millonario en decadencia (Benítez Rexach).

La crónica termina con el episodio sobre el ingeniero Benítez Rexach y su esposa Moineau, que lo abandona a pesar de los fastuosos regalos que le hace el millonario. Benítez Rexach termina sus días hecho una ruina, viviendo en el Normandie, su templo a la pretensión de gran hombre puertorriqueño. Uno de los narradores de la novela nos dice que el Normandie se terminó convirtiendo en “nuestra Torre Eiffel, es decir, primeramente feo, luego excéntrico y finalmente hito de Puerta de Tierra”.

Para muchos, el hotel hoy es una ruina. Las letras de su nombre han desaparecido, solo quedan los soportes de metal que lo sostenían. Las puertas y ventanas del primer piso están tapiadas. Las barandas están rotas y oxidadas. El cemento está despintado y resquebrajado. Parece un barco hundido.

Pero para mí, la cara del Normandie todavía es fiel a su espíritu original, solo que ahora se trata de la cara de un fantoche moderno. Su fachada es el objeto de “bombings”. Su frente está cubierta de tags, marcas, o “blockbusters” de grafiteros. LEX, ADZE, EDAK, SPIN y ENCO compiten por ser el nuevo Varón Dandy, el gran hombre puertorriqueño. 

Desde esta perspectiva, el Normandie hoy tiene su forma más auténtica. El hotel se inauguró en 1942, unos meses después de hundirse el transatlántico que le dio su nombre. El SS Normandie fue en su día el colmo de la pretensión, un fastrén francés que cogió fuego y se hundió en los muelles del puerto de Nueva York. La copia puertorriqueña es más fiel a ese fastuoso y trágico barco hoy que cuando se inauguró.

Antes yo pensaba que el Normandie era lo opuesto de un gran hotel como el Caribe Hilton. Hoy creo que el hotel de Benítez Rexach es la otra cara de ese gran hotel: la cara del varón dandy.

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