William Félix

Tribuna Invitada

Por William Félix
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El gran paradigma del deporte y las lesiones

A medida que entramos en el frenesí colectivo gracias a la serie final de la NBA, imaginemos si de repente, uno o varios jugadores claves sucumben ante lo inevitable y a lo que tanto tememos. Solo es cuestión de tiempo, las lastimaduras en atletas de alto rendimiento sucederán. De no ser así, estaría desempleado.

Suena chocante, pero es la realidad que continuamente cala en el subconsciente de los aletas, dirigentes, entrenadores y del fanático empedernido. Es la sombra que se esconde detrás del brillo de la utopía deportiva que tanto nos gusta. La escena nunca cambia, el ruido ensordecedor de la fanaticada ante la ejecución magistral de su equipo es abrumadora como siempre.

Yo, sentado en la banca con los jugadores disfrutando de la emoción colectiva. De repente y de la nada, la algarabía se torna silente; como si le metieran un tubazo en la boca del estómago al público. Literalmente, se pueden escuchar los suspiros desesperados al ver al jugador estrella en el piso gimiendo de dolor. Todo el mundo con las manos en la cabeza, con preguntas sin respuestas. El entrenador corre a la cancha y levanta su puño, es mi turno de ir al tabloncillo y evaluar. Todos en espera de la cura milagrosa o la varita mágica que remediará la dolencia de su jugador mimado. Lo que sucede después varía muchísimo, dependiendo de la lastimadura y, sobre todo, el grado de fortaleza y acondicionamiento físico del atleta.

Muchos de ustedes se estarán cuestionando entonces la validez de entrenar y, sobre todo, acondicionar de forma tan meticulosa el físico del atleta, si como quiera se van a lastimar. La analogía más sencilla es la utilización de un cinturón de seguridad mientras se conduce un auto. Un accidente automovilístico es un evento no deseado, pero ciertamente latente. De suceder, el uso correcto del cinturón dictará la diferencia entre la vida y la muerte.

Un buen acondicionamiento físico garantiza mejor ejecución durante el juego. Menciono algunos ejemplos como la capacidad de un tobillo para soportar el cambio súbito de movimiento y engañar al oponente, o la persistencia de unas rodillas que constantemente brincan y reciben el impacto contra una superficie dura. Comparable al ejemplo del cinturón de seguridad, también puede evitar que un mecanismo complejo no progrese más allá de un simple esguince o torcedura.

La validez de este principio preventivo se consolida cada vez más en el mundo de la medicina deportiva. Por ejemplo, el aumento en la implementación en equipos femeninos de protocolos para prevenir la rotura del ligamento cruzado anterior en la rodilla. Debido a una variedad de circunstancias anatómicas, las mujeres tienen mayor predisposición a este tipo de lesión. Mediante un esfuerzo coordinando para fortalecer diversos músculos del muslo a través de un proceso de preacondicionamiento, las probabilidades detal rotura ante un mecanismo conducente a su disociación disminuyen considerablemente. Cada vez más, protocolos como este se desarrollan para distintas partes del cuerpo, adaptadas a las diversas disciplinas deportivas. La mejor solución es la prevención.

En fin, este principio que los atletas profesionales adaptan en su día a día, debería ser acogido con tal afán en todos aquellos que deseamos mantener un estilo de vida activo, independientemente que deporte se practique. Mi mejor consejo es realizar estos esfuerzos bajo la tutela y supervisión de un entrenador físico certificado. Mi cuerpo cuarentón estará eternamente agradecido; el suyo también. Más vale prevenir que tener que lamentar.

William Félix, MD, es especialista certificado en medicina de emergencia y deportiva. Actualmente labora en Florida Hospital Health Park Lake Nona.


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