Lind O. Merle Feliciano

Punto de vista

Por Lind O. Merle Feliciano
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El gran reto de la gobernadora

La siguiente columna es parte de una serie en la que los comisionados electorales se expresan sobre la reforma electoral considerada en la legislatura.

El 20 de enero de 1961, en su discurso inaugural como el 35to. presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy expresó una de las frases más emblemáticas para todos aquellos que afirman un compromiso genuino con su país: “pregunte, no qué puede hacer su país por usted, si no qué puede hacer usted por su país”.

Incidentes como el suscitado con los almacenes de suministros destinados inicialmente para los damnificados en el huracán María y, eventualmente, para los hermanos que perdieron todas sus pertenencias a raíz de los movimientos sísmicos, produjeron una gran indignación en el pueblo. El quedar revelado que las decisiones tomadas por las personas llamadas a atender las necesidades de nuestros ciudadanos se hicieron en consideración a sus preferencias políticas, y con miras a obtener una ventaja proselitista, resultó devastador para los puertorriqueños, minando por completo su confianza en nuestras instituciones gubernamentales. Lo anterior, más que cualquier otra cosa, conllevó el costo de vidas. El sufrimiento no tiene color.

La desconfianza del pueblo en sus instituciones está más que justificada. La pregunta obligada es: ¿cómo recuperar algo tan esencial para la administración pública de nuestro país? La experiencia me invita a pensar que las palabras no serán suficientes. El país demanda de líderes que no estén enamorados del dinero y del poder, sino de líderes que por amor y respeto a su país estén dispuestos a afirmar la justicia en sus decisiones y sus acciones. El momento histórico nos obliga a realizar una selección cuidadosa de esos líderes.

En este momento, la legislatura aspira a cambiar el sistema electoral con la mal llamada “Reforma Electoral”. Cuatro partidos y sectores de la sociedad civil la rechazan, porque concluyen que el partido que hoy ostenta la mayoría legislativa no tiene otra intención que mantenerse en el poder.

Ante la inminente realidad de que esta mal llamada reforma será aprobada por los cuerpos legislativos recaerá en el ejecutivo firmar y hacer de la misma una ley. La gobernadora tiene ante sí el reto de decidir por un partido político o por el pueblo que juró defender y cuidar. Queremos pensar, y es la esperanza del pueblo, que su elección sea por este último.

Su decisión tendrá serias repercusiones en los próximos comicios. Si escogiese por los intereses de su partido, estaría dando paso a la manipulación del proceso y de los resultados, alimentando la desconfianza y la frustración.

Las obligaciones de un líder no pueden estar sujetas a las amenazas de un partido. El bienestar general debe ser su norte. Momentos difíciles requieren de decisiones difíciles.

Honorable gobernadora, no es difícil anticipar que usted tendrá ante sí el proyecto de la Reforma Electoral. La invito a que, en ese momento de reflexión, comprenda que no se trata de complacer o agradar a alguien con agendas partidistas, sino permitirse hacer lo correcto para nuestro país.

Le corresponde a usted determinar cómo será recordada, cómo la verán sus pares cuando no esté ostentando el poder y la autoridad que emanan de la gobernación. Y, por último, y tal vez lo más importante, cuál será su legado al pueblo de Puerto Rico.

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