Julio A. Muriente Pérez

Tribuna invitada

Por Julio A. Muriente Pérez
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El gran valor de la UPR de Utuado

El recinto de Utuado de la Universidad de Puerto Rico (UPR) es una de las instituciones educativas más importantes con las que cuenta el país, contrario a la opinión de algunos funcionarios de la UPR y de la Junta de Control Fiscal. Si se consuma la intención de destruir, vender o desmantelar la UPR Utuado, se le estaría haciendo un grave daño a la región central de Puerto Rico y a toda nuestra sociedad.

Si contáramos con un proyecto serio y responsable de construcción económico-social del país, la UPR Utuado sería uno de los ejes centrales del desarrollo agrícola y agropecuario de Puerto Rico, a partir de pueblos como Utuado, Arecibo, Lares, Jayuya, Ciales, Florida, Morovis, Orocovis, San Sebastián y otros. Sería asimismo uno de los puntales de investigaciones arqueológicas, geológicas y geográficas, siendo aquella una zona de importantes yacimientos arqueológicos y minerales, de alto valor económico y social. Se producirían allí muchos de los científicos, técnicos y especialistas que necesitamos para generar alimento, riqueza, conocimiento y cultura; y para construir el Puerto Rico del porvenir, superior en todos los sentidos.

Se trata precisamente de una de las regiones más abandonadas, con los índices más altos de desempleo, que ha sido dejada a su suerte. Las cifras del censo reflejan una significativa baja poblacional; las tierras, una vez altamente productivas, languidecen. Los más jóvenes, se van, sin un futuro prometedor en el horizonte.

El gran problema es que no contamos con ese gran proyecto de país, imprescindible para la generación de riqueza y estabilidad económica y social que tan urgentemente necesita Puerto Rico. Sobre todo y de manera más escandalosa en lo referente a la producción de alimentos. La actividad agrícola representa menos del dos por ciento de la actividad económica total. Más del 85 por ciento de todo alimento que consumimos es importado. La tierra fértil ha pasado, de ser gran fuente de alimentación, a ser mercancía que se compra y se vende para sembrar cemento, brea y varilla por doquier.

El desarrollo de un proyecto económico y social de país requiere inevitablemente la recuperación de los poderes políticos que nos fueron sustraídos hace 120 años. Esos poderes resultan indispensables para tomar decisiones, para implementar proyectos, para promover acuerdos internacionales, para generar riquezas para nosotros y no para otros.

Esta afirmación es hoy más cierta que nunca. Hemos visto cómo ha colapsado el modelo económico-político establecido hace siete décadas (Operación Manos a la Obra, Industrialización de Puerto Rico, ELA). Aquella manera de modernizar al país para beneficio de otros nos ha conducido a la pobreza y la desesperanza de hoy. Enfrentamos una imposición unilateral y arbitraria del Congreso de Estados Unidos -la Junta de Control Fiscal- que solo persigue escarbar hasta debajo de las piedras y empobrecernos más aún con tal de satisfacer a bonistas y acreedores, para pagar una deuda irresponsable e infame.

La opción no puede ser irnos del país. La opción tiene que ser la recuperación, la construcción de una sociedad nueva y superior, el rescate de la nación, más allá de himnos y banderas, en su materialidad, en su posibilidad concreta de ser asentamiento de una sociedad próspera y feliz.

En ese contexto mayor, la educación de nuestros jóvenes es una columna principal. Nuestros jóvenes, que no han de ser la esperanza del futuro, sino la esperanza del presente. Visto de esta manera, con optimismo y seguridad, instituciones como el recinto universitario de la UPR en Utuado, adquieren una relevancia extraordinaria. Por eso, al levantar la voz en defensa de esa institución educativa, lo hacemos también en reclamo de la lucha necesaria -e inevitable- por ese otro Puerto Rico que soñamos.


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