Rubén Dávila Santiago

Punto de Vista

Por Rubén Dávila Santiago
💬 0

El héroe embaucador

“La civilización democrática se salvará únicamente si hace del lenguaje de la imagen una provocación a la reflexión crítica, y no una invitación a la hipnosis”: Umberto Eco

Si no lo vemos con detenimiento, se nos escapa. Es una impostura. Engaña con su apariencia de verdad. Parece estar ahí, pero se trata de una ficción que adquiere dos formas expresivas: la fantasía de lo hecho y la simulación.  Me refiero a una de las prácticas culturales nocivas cuyo camuflaje la hace digna de elogio por medio de la propaganda, y sin embargo es una impostura: el hacer ficcional. Parece como si, pero no es, o digamos que existe en tanto narrativa propagandística. Su fuerza deriva de su propia impostura; es un tipo de hacer para no hacer lo que se requiere. Actúa como una niebla retórica que brinda confianza pues se presenta siempre como afirmación de acción. ¡Cuántas veces se repite: “eso ya está atendido”!  Los políticos no cesan de adularse con el: “Estamos trabajando arduamente”. Conmueve lo laborioso, afanoso, intricado de la gestión reclamada casi con heroicidad, aunque sea una nimiedad o algo sin consecuencias, que no sea su propia justificación. 

Forma parte del arsenal de recursos de difusión, no solamente de la maquinaria política sino de los circuitos institucionales administrativos.  Sorprende la cantidad de autoestudios que son verdaderas piezas fantasiosas destinadas a cumplir con requisitos creando la falsedad de que se ha resuelto o se está en vías de resolverse una situación adversa. Tiene la forma de tramitar información que asegure un orden de cosas en forma de justificación. Se trata de un mensaje destinado a apuntalar lo existente, a crear receptores e influir en conductas.   

Los candidatos a puestos, en muchas instituciones, pasan por el falso filtro de consultas que “aseguran la participación” cuando ya están designados y forman parte de los “nombrables” por sus compromisos políticos. Esto ocurre en todo el espectro ideológico. El mensaje de participación es una emboscada pues sirve, con la propia intervención de los interesados en revertir el principio mismo de la consulta. Esta alquimia de la falsedad transita ampliamente por nuestra cotidianidad y se vuelve algo normal. 

Si la ética inmediatista, como vimos en el pasado artículo, con su “acción correctiva inmediata” y el “parcho”, enfrentan la situación adversa sin entenderla como proceso ni ubicarla en el contexto de una totalidad mayor y significativa del cual forma parte, el hacer ficcional es un montaje fabulado que intenta convertir lo no existente en real. Su terreno es el de la pura política en que la realidad es la percepción.  En la ética inmediatista, si la Central produce energía, no hay problema, aunque esté en terreno inestable, sus mecanismos sean obsoletos, genere alta contaminación, presente una gran probabilidad de dejar de funcionar y cuando ocurra algo, se “brega”. En esta modalidad se generan estudios, vistas, comisiones -subcomisiones con informes- para luego terminar el informe mayor que se declara como “material de trabajo” (eso es siempre un salvoconducto), y se contratan compañías asesoras -de todo tipo—y consultores para finalmente reivindicar una acción, que al ser examinada se trata de una farsa política. Hay veces que se anuncian “políticas”, como la de energía renovable y desarrollo sustentable cuando la acción se dirige a abrazar la dependencia y tomar el rumbo contrario. Se crean escenarios triunfalistas totalmente fantasiosos y claro, dañinos pues nublan el entendimiento. Definitivamente hay una cierta estafa discursiva.

La fantasía de lo “hecho” es una imagen de la acción, y claro, en términos de significación, la imagen se valida en sí misma, no tiene otro referente sino ella misma. Esto es así porque la imagen se impone completa como veracidad. En muchas ocasiones se esgrime que una situación ya ha sido atendida cuando en realidad no se ha pasado del simulacro, de una intención o una promesa. El “se hará” se convierte en lo “hecho”. Las largas listas de logros son muchas veces piezas propagandísticas, mensajes estratégicos para producir una percepción. Preguntados sobre situaciones particulares a atender se indica, en una ingenuidad sorprendente, “ya esto está en camino”, o “eso ya está hecho, lo que falta es …” o “eso va adelantado”. 

La simulación es uno de sus recursos. Aquí se ejecuta una acción que constituye un simulacro, disponiendo de materiales, servicios y operaciones que no existen en realidad pero que indican, como signos indéxicos, que se está haciendo lo requerido. Se representa una cosa fingiendo o imitando lo que no es. Muchas obras públicas simulan ser una cosa, cuando en realidad son parte de un andamiaje publicitario. El arquetipo de este entrampamiento es el famoso molino de viento en San Juan que estaba ahí creando de forma deliberada una falsa impresión. ¡Se parece tanto a la misma formulación semántica del Estado Libre Asociado!

La mitología nos deja  la advertencia del dios Hermes, ladrón desde niño, encargado de condiciones de paso e intercambio, mensajero y timador. Es un héroe seductor, ágil, maquinador. Con su lira alucinante fue capaz de persuadir a Apolo de condonar el hurto. Ese embaucador divino se mueve entre ámbitos diversos. El espejismo del hacer ficcional tiene una musicalidad capaz de transportarnos desde el mundo real al del Hades donde habitan las almas de los muertos.

Otras columnas de Rubén Dávila Santiago

jueves, 9 de enero de 2020

El lugar equivocado

El profesor Rubén Dávila reflexiona sobre la conducta humana y el pensar de lo inmediato, que justifica pensamientos frecuentes como “los problemas se resuelven cuando aparecen”.

💬Ver 0 comentarios