Juan Zaragoza

Tribuna Invitada

Por Juan Zaragoza
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Elías Sánchez: el pecado original

Los escándalos van cayendo a veces poco a poco y otras veces a velocidad huracanada, cada uno encima de los anteriores, como hojas secas que se apilan alrededor de un árbol moribundo.

Allí se amontonan, fundiéndose unos con los otros, perdiendo su identidad individual y formando un solo gran escándalo.  Ante esto perdemos la noción del tiempo y llegamos a pensar que Whitefish fue bajo otra administración y que la joven Angelimarie la del puestazo, fue despedida ya hace muchos años y al día de hoy debe ser toda una señora de mediana edad.

Es una sensación, por lo menos que yo recuerde, que nunca antes habíamos sentido y sufrido como país. Son puñaladas tan continúas, que su dolor individual cede y se pierde ante el dolor mayor de la andanada mortal.

Que nadie se equivoque, ninguno de estos escándalos y los que faltan, se cuajaron de un día para otro. Todos ellos tuvieron su génesis hace muchos meses, algunos hasta antes de esta administración tomar el poder.

¿Son estos eventos actos traicioneros a un gobernante a quien le repugna cualquier tufito a tumbe, o eventos que apestan desde lejos y que él prefiere no oler, a tener que actuar contra sus fieles camaradas?

Partiendo de los últimos acontecimientos y de lo divulgado de las conversaciones por Telegram, me inclino por la última. Además, esa reacción defensiva y enfermiza hacia los miembros de su equipo sobre quién se siembran dudas, parece que le viene en la sangre.

¿Son acaso estas variadas instancias de saqueo al país y de traición a la confianza de un pueblo, eventos individuales que desgraciadamente coinciden en estos pasados 30 meses?

¿O acaso hay un hilo conductor, un pecado original que sirvió como caldo de cultivo para hacer germinar por doquier el tumbe masivo de fondos públicos?

Como uno de los protagonistas del pasado proceso de transición, el cual ya parece tan lejano como la inauguración del Tren Urbano, me atrevo a decir que allí ya se sentía el tufito del tumbe. Allí se cometió el pecado original.

Es que detrás del espectáculo abusivo, burlón y cínico sin precedentes, había una arrogancia y sentido de impunidad que ya era maduro acabando de nacer.

La mera presencia protagónica del director de campaña Elías Sánchez y su acceso ilimitado a información, levantaba sospechas. Luego este dualidad cuestionable se agravó con su nombramiento como representante del gobernador en la Junta.

Estas decisiones por parte del gobernador, aun cuando finalmente no resulten en acusaciones contra Elías Sánchez, establecieron el tono que regiría futuras contrataciones: la tolerancia a conflictos de intereses.

Por eso no es de extrañar que semanas después tuviéramos metidos en el subcomité de transición de Hacienda, a la gente de BDO y a unos consultores en sistemas de información; ambos se repartirían el guiso poco tiempo después.

Por eso es fácil de entender la defensa simplona del pasado secretario de Hacienda de los contratos a su hijo. De igual forma y bajo el mismo molde entendemos cómo se permitió que el famoso Velázquez Piñol fungiera como jefe de agencia siendo contratista a la vez.

A final de cuentas todos nacieron de la misma costilla que Elías y son fruto de su pecado original.

Identificado el pecado, lo que falta es la voluntad para atender legislativamente los procesos de transición y los conflictos en la contratación gubernamental. Que nadie se equivoque, aunque duela y sorprenda, hay que aceptar que aún con los arrestos recientes, ya hacen fila los voluntarios para la próxima transición.

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