Juan Zaragoza

Tribuna Invitada

Por Juan Zaragoza
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El impecable negocio de las drogas ilícitas

A la hora de hacer una lista de los negocios mejor administrados del mundo, el de las drogas ilegales ocupa un sitial de honor. Es un negocio con rendimientos escandalosamente altos con relación a la inversión y los riesgos; bonos para todos los miembros del canal de distribución, manejo logístico impecable y excelente gestión de los recursos humanos, promoviendo a los que se destacan y deshaciéndose de los mediocres. De hecho, son tantas las ganancias en este negocio, que algunos estudiosos dicen que aun perdiendo el 50 por ciento de la mercancía en el proceso de distribución (como se pierde el agua de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados por los tubos rotos), se hace buen dinero.

No es hasta que lo veamos de esta forma, como un “buen negocio”, que podremos enfrentarnos a él exitosamente. Para atacarlo, hay que trabajar con sus fundamentos, que son los mismos que los de cualquier empresa que vende un producto: oferta, demanda, riesgos y rendimiento.

Empecemos por la oferta. Que yo sepa, más allá de una matita aquí y otra allá, las drogas son un producto importado a la isla. Cualquier gestión que se haga para atacar el negocio de las drogas, será insuficiente si no se atiende la entrada del producto a nuestro país.

El primer punto de ataque a la estabilidad de este negocio es trabajar con la importación. Hay que sentarse con el gobierno federal y hacerlos entender que la verdadera crisis fronteriza no es la entrada de seres humanos por la frontera mexicana, sino la entrada de drogas por la frontera de Puerto Rico.

En 2015, bajo la administración de Barack Obama, se emitió la “Caribbean Border Counternarcotics Strategy” donde se indicaba, entre otras cosas, que el flujo de drogas a través del Caribe ya duplicaba los niveles existentes en 2011. Señalaba además que, como resultado de las gestiones del gobierno federal de mayor fiscalización a la entrada de drogas desde México, los narcotraficantes, expertos en logística, al fin y al cabo, optaron por el camino de menor resistencia: Puerto Rico. Es decir, nuestra isla es identificada como el punto débil en la cadena de distribución (débil en términos de resistencia o seguridad), aunque desde el punto de vista comercial, es el puerto de trasbordo más eficiente y menos riesgoso para su producto.

Estas “empresas” no son otra cosa que “trading companies” dedicadas a la distribución mercantil de productos a mercados extranjeros. De hecho, si la droga fuera legal aquí y en Estados Unidos, cualificarían para un decreto de Fomento bajo la famosa Ley 20.

En cuanto a la demanda por el producto, hay que entender que la droga ilegal se trae a Puerto Rico con dos propósitos: la eventual exportación a los Estados Unidos, y la retención de un porcentaje mínimo para consumo local (mínimo con relación al volumen que pasa por la isla). En otras palabras, que hay dos “demandas” que provocan su entrada a la isla, la de Estados Unidos y la de Puerto Rico. Con laprimera es muy poco lo que se puede hacer. En cuanto a la segunda, me parece que hay que verla desde varios ángulos.

Por lo tanto, aun cuando desapareciera la demanda local (es decir, que no existieran adictos a sustancias controladas en Puerto Rico) el negocio de las drogas ilícitas seguiría operando en la isla.

Hay que destacar que el consumo de drogas aquí no es exclusivo de una sola clase social. La droga la consumen todas las clases sociales. No he visto estudios al respecto, pero me atrevería a apostar que la participación de las clases más humildes se concentra principalmente en la cadena de distribución a cargo del manejo, trasportación, seguridad y venta al detal del producto. Claro está, estos no son tan solo empleados, sino también usuarios. A cambio de sus servicios reciben una remuneración excelente. “Excelente”, en comparación con las otras alternativas de empleo que tienen a la mano.

Otro ángulo fundamental es entender que los usuarios de drogas no son otra cosa que personas enfermas que han caído presas de la adicción. Romper el vicio de alguna droga, al igual que el alcohol y el cigarrillo, y otras sustancias “legales” que hay por ahí, requiere asistencia médica y psicológica. Así es que hay que tratar al adicto como un enfermo y no como un criminal.

El tema es largo y complicado. No hay soluciones fáciles y menos cuando dependemos de otra gente que reconozca el problema. En una próxima columna continuaré mi análisis de las otras dimensiones comerciales, sociales y humanas de este problema.

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