José Ariel Nazario

Punto de vista

Por José Ariel Nazario
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El imperativo de la honestidad y transparencia

El Puerto Rico de hoy exige a sus instituciones públicas y privadas, así como a quienes se consideran líderes o aspiran a ello, tener por principios rectores la honestidad y la transparencia. Esta realidad no es ajena al Partido Popular Democrático, que fundamentado en estos y otros principios, ha propuesto una agenda de transformación. Uno de los aspectos más importantes en este esfuerzo es el proceso de habilitar o calificar a quienes aspiran a ser candidatos por este partido. 

Los partidos políticos tienen el más absoluto derecho de conocer todos aquellos elementos o circunstancias que sean necesarias para la más minuciosa evaluación de la calificación, carácter y reputación de quienes aspiran a comparecer ante el país en la papeleta.  Eso no tiene nada que ver con libertades o democracia; tiene que ver con honradez institucional y actitud de transparencia con el país. No tiene nada que ver con la adjudicación de quién dice la verdad o no, tiene que ver con desprendimiento y con el deber que tiene todo aspirante de decir todo lo que sea pertinente a la evaluación de una candidatura bajo la insignia del Partido Popular Democrático. Como tal, todo el que aspira a formar parte de este movimiento y con él, pretender contar con el apoyo de sus afiliados y militantes en las urnas, tiene un compromiso inquebrantable de honestidad y transparencia, primero con el proceso de escrutinio del partido con cuyo endoso aspira a ser candidato, y segundo - y de mayor importancia - con sus electores. 

Tengamos muy claro que, si como institución política exigimos transparencia a otros que aspiran a servir o que sirven desde posiciones electas, la exigencia comienza con nuestros procesos internos. Nadie debe temer a compartir todo aquello que a su juicio puede representar o tener un impacto sobre la colectividad, su filosofía y razón de existir, su presente y su futuro.  Pensar que sus pares no han de ser juiciosos y serios en su evaluación; condicionar la verdad o la realidad a quien la dice, o finalmente tratar de manipular la apreciación de sus pares – justificado o no – es una visión egoísta, individualista y totalmente ajena a lo que creemos que debe ser el proceso de selección de candidatos que han de pedir la confianza del país bajo la insignia del Partido Popular Democrático. Un proceso de selección con la verdad a medias no es un ejercicio democrático informado. 

Nosotros no aspiramos a concursos individuales sino a arremeter contra la adversidad. No puede haber y no hemos de tolerar distracción alguna que desvíe los propósitos y compromisos que hemos contraído con el país en ocasión de celebrar 80 años de vida, y de vivir una realidad como país, que solo la experiencia y la razón de ser del PPD pueden enfrentar con seguridad, conocimiento y sobre todo con honestidad y transparencia. 

Ese es el reto y será nuestra agenda.

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