Yarimar Bonilla

En Vaivén

Por Yarimar Bonilla
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El imperio en tarima

Según muchos, la mujer latina hizo historia este pasado domingo. Por primera vez, uno de los programas de mayor audiencia en los Estados Unidos presentó a dos cantantes latinas desplegando símbolos de diversidad étnica y lingüística en lo que usualmente se considera uno de los bastiones del nacionalismo americano. 

El mero hecho de ver nuestra bandera desplegada y escuchar a Bad Bunny decir “¡a ti no te conocen ni en Plaza!” frente a una audiencia de millones llenó de orgullo a miles de boricuas. Pero vale la pena reflexionar un poco sobre la naturaleza de este espectáculo y el papel ambiguo de nuestra bandera en él.

Cabe resaltar que la llegada de Shakira y Jennifer López a la tarima de la NFL sucede en medio de una enorme controversia. El año pasado, artistas como Rihanna, Cardi B y Pink declinaron participar en el espectáculo por respeto a Colin Kaepernick, a quien la NFL puso en lista negra por haber llevado sus protestas silenciosas durante el himno nacional. 

Algunos recordarán que, mientras el huracán María azotaba a Puerto Rico, la mirada del presidente Trump estaba enfocada en los futbolistas que comenzaron a unirse a Kaepernick en su movimiento de protesta, el cual buscaba llamar la atención a la brutalidad policiaca y la muerte desproporcionada de jóvenes afroamericanos a manos de la policía. 

Estas protestas provocaron una polarización histórica en un deporte donde el 70% de los jugadores son afroamericanos, pero el poder económico y decisivo se concentra en manos de los dueños de equipo que son todos hombres blancos: figuras como Jerry Jones, el controversial dueño de los Dallas Cowboys que le prohibió directamente a sus jugadores protestar durante el himno. 

Eventualmente estas protestas le costaron la carrera a Kaepernick. Aunque su equipo, los 49ers de San Francisco, participaron en el juego este pasado domingo, Kaepernick lleva tres años fuera de la liga. Su demanda contra la NFL fue resuelta fuera del tribunal y ahora con apenas 32 años se encuentra en la difícil posición de ser un jubilado involuntario.

Dado esto, muchos han visto la participación en el Super Bowl como el equivalente de cruzar una línea de piquete. Rihanna declaró que no podía permitirse ser una “vendida” (“sellout”) y apoyar un espectáculo que no le dejaba nada a “su gente”. De igual manera, Cardi B dijo que no participaría a menos que restituyeran a Kaepernick.  

El cantante Jay-Z también se había posicionado en apoyo al boicot, pero luego cambió su posición cuando la liga le ofreció un lucrativo contrato a su agencia de talento Roc Nation para “diversificar” el espectáculo de “halftime”. Es Jay-Z quien eventualmente decide que un concierto con dos latinas sería la solución al tranque racial.  

De esta manera, cuando Shakira y Jennifer llegan al escenario de la NFL, se encuentran ya en un campo minado, donde muchos se preguntan qué papel juegan los latinos en el terreno de las luchas raciales de Estados Unidos.

Para sorpresa de muchos, Jennifer López—quien no es conocida por sus posturas políticas—decidió hacer un gesto político. Primero, se rodeó de niños enjaulados en lo que para muchos representó una crítica a la política de Trump hacia los niños en centros de detención. Segundo, se adornó con una gran capa de plumas en forma de dos banderas mientras su hija cantaba “Born in the USA”. 

El consenso dentro de Estados Unidos es que esto fue una gran declaración de protesta en el que se usó la canción de Bruce Springsteen (que es una crítica a la guerra de Vietnam y el maltrato a los veteranos que regresan) para llamar la atención a otras injusticias que ocurren en las sombras del imperio: el enjaulamiento de emigrantes y el trato colonial. 

En Puerto Rico, aunque el color de la bandera y su colocación han sido hartamente debatidos, muchos sienten que aun con sus ambigüedades el despliegue fue un gesto loable. Mientras celebrábamos el fin de lo que pareció ser el mes más largo de la historia, el alza de la bandera se vio como la celebración de un pueblo que se siente pisoteado por sus políticos tanto “aquí” como “allá”. 

Para la diáspora—a los que se les dice constantemente que no deben hablar español en público, o que se les quiere deportar (aun si tienen ciudadanía)— también fue un momento de afirmación importante. Al otro día en Facebook una madre puso una foto de su niñita portando una enorme toalla de playa con la bandera al estilo JLo: como si fuera una capa de superhéroe. Para niñas como esta, no es poca cosa que esa identidad sea celebrada en vivo, a todo color y en español.

Sin embargo, todo esto se da dentro del contexto de una liga plagada de problemas de raza y género. (Antes de la controversia por las protestas durante el himno, ya la NFL tenía un problema de imagen por el mal manejo de incidentes de violencia contra la mujer por sus jugadores). Ni hablar de los fantasmas coloniales—visto plenamente en el equipo de los “Caciques” de Kansas City, que llevan en su nombre el legado del genocidio indígena, del cual se burlan los fanáticos del equipo cada vez que llegan al estadio con sus tocados de plumas a participar del controversial cántico de “Tomahawk Chop”.

Aunque pueda parecer un simple partido, el Super Bowl es el terreno que mejor representa a la nación estadounidense en términos simbólicos: aquí el nativo es un fantasma, al negro se le niega su derecho a protestar, mientras que los latinos ondean ambiguamente la bandera. Es precisamente por esta razón que la canción de “Born in the USA” fue tan terriblemente apropiada para la ocasión: la misma encapsula la morbosidad y contradicciones que envuelven el nacionalismo estadounidense en todas sus expresiones, aún las más críticas. 


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