Ana Teresa Toro

Punto de vista

Por Ana Teresa Toro
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El inútil placer de señalar

Fumarse un cigarro requiere paciencia, serenidad, un estado de calma, casi casi de meditación. Requiere la pausa. La observación. Un ejercicio que rara vez aplicamos a la vida cotidiana, un ejercicio que, en tiempos de denuncias y reclamos públicos en las redes sociales, haría falta de vez en cuando. Ya fumar no es sexy, ni está de moda, pero qué mucha falta hace la bendita pipa de la paz.

La cultura del linchamiento público la conocemos bien. Es, tristemente, tan humana. Va desde la literalidad de los tiempos antiguos de brujas y bandidos “ajusticiados” en plazas públicas hasta los tempranos años del Internet en la década del 90. Entonces, descubrimos el acoso cibernético y fue tan fácil dejarnos ir, sacar lo más podrido de nuestros valores y atacar a diestra y siniestra desde la comodidad y el anonimato de una pantalla y un teclado.

La situación es cada vez más compleja y la agresividad —sobre todo ahora en la plaza pública salvaje que son las redes sociales— es más directa. No precisa de filtros. A la mínima provocación o desencuentro de ideas, surge el ataque más contundente. Lo vemos en los comentarios de cualquier noticia, lo vemos entre amigos, colegas o incluso entre personas que la mayor parte del tiempo simpatizan ideológicamente. Ya no admitimos ni la mínima divergencia, ya ni si quiera entramos en debate. No hay matices, ni grises, ni gradaciones posibles. Todo es un “me gusta” o “no me gusta”. Así, sólo dos opciones, en una simpleza tan polarizante y hostil.

Pero qué difícil es odiarnos mirándonos a la cara.

Nos entretiene encontrar la mínima falta moral, estamos inmersos en una cultura del “te atrapé”, que se alimenta del cinismo de pensar que no vale la pena creer en nada, creer en nadie. Y olvidamos eso que dice la escritora peruana Gabriela Wiener y que tengo grabado en la frente: “No siempre estamos a la altura de nuestras ideas”. Es tan humano eso que dice, es tan real. Prefiero la conciencia de esa fragilidad, que las certezas cínicas que nada construyen.

Es decir, antes de dar “send” a un comentario, imagine que fuma, inhale y exhale, aunque aún no haya pipas ni haya paz.


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