Benjamín Morales

El Catalejo

Por Benjamín Morales
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El juego eléctrico en Puerto Rico

Un exitoso contratista de Texas llega a Nueva Orleans con una idea en mente: hacerse tan rico como pueda con los millones que el gobierno federal pondría en la ciudad devastada por el huracán Katrina. Tiene todo arreglado con políticos locales, estatales y federales, así como con los funcionarios de FEMA que administran los fondos. Su plan está, como decimos en Puerto Rico, bien cuadrado.

Al final logra su cometido. Hace mucho dinero con contratos para reconstruir unos hogares que ni de cerca fueron renovados. El negocio fue redondo y se salió de él en el momento justo, cuando los fondos escaseaban y las auditorias se acercaban. El tipazo hizo de la desgracia un negocio y, lo peor del asunto, le salió de maravilla.

La situación anterior no es de la vida real. Se retrata en una serie que emitió la cadena HBO de nombre “Treme”, que se basa, entre otras cosas, en la corrupción que se desató en Nueva Orleans tras la destrucción generada por Katrina. Una historia de ficción que, por desgracia, se repite con frecuencia en Estados Unidos y de la cual en Puerto Rico no nos salvamos tampoco.

De la crisis que vive Puerto Rico, como ha sido siempre, mucha gente se beneficiará, sobre todo, los contratistas inescrupulosos que viven a la espera de la próxima gran desgracia para desplegar toda su capacidad parásita de sacar dinero fácil a costa de los desgraciados.

Con el dinero federal han comenzado a llegar esos vampiros de alta alcurnia, que hacen ver a nuestros chupasangres como meros murcielaguitos al lado de sus capacidades para consumir la sangre verde que genera el dinero.

Miren el caso de la empresa Whitefish. Eso ahí apesta a pescado podrido en todos los sentidos, pues deja claro que toda esta crisis con el tendido eléctrico lo que esconde detrás es un negocio de proporciones desmedidas.

Día a día fluyen las mentiras, los pasos para adelante y para atrás, y la falta de claridad de una emergencia que tiene detenida la economía del país, ha provocado decenas de muertes y ha puesto la calidad de vida del pueblo en los peores niveles en décadas. ¿A quién beneficia eso? Sólo a los mercaderes al estilo Treme, quienes se han apropiado de un proceso de recuperación en el cual los puertorriqueños hemos sido ignorados consistentemente.

Eso me enoja mucho. Y más me indigna que nuestro gobierno lo tolere y vuelva a surgir la terrible excusa de “yo no sabía” o el insolente desafío de “tráiganme la prueba” que tan célebre se ha hecho en la política puertorriqueña.

Estoy rabioso porque el tiempo sigue corriendo y la gente continúa sin luz, mientras se admite que no hay materiales, que las brigadas no son suficientes, que las fechas de los federales y los boricuas no coinciden, etc., etc., etc. ¿Cómo es posible que el país siga apagado casi por completo a un mes y una semana del huracán? ¡¿Cómo es posible?!

Es obvio que se está jugando con el sufrimiento del pueblo, que la pena colectiva se ha tornado en un mercado fructífero para aquellos que ven en la reconstrucción la oportunidad perfecta para hacer dinero fácil.

Estamos en el medio de un juego eléctrico en el cual el 90 por ciento del país se ha convertido en las fichas que se mueven a conveniencia para quien quiere acabar sacándose la lotería.

Como en “Treme” y en Nueva Orleans, los buitres andan rondando a la presa y pocos entes del gobierno parecen tener la voluntad de espantarlos, bien porque no se dan cuenta de lo que pasa, bien porque es mejor hacerse el desentendido o bien porque simplemente van a participar del festín.

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