Luis G. Collazo

Tribuna Invitada

Por Luis G. Collazo
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El legado de Martin Luther King

En 1968 se pública en español su libro El clarín de la conciencia.  Recoge este escrito cinco conferencias dictadas en 1967 a través de la Sociedad Canadiense de Radio. Pretender reducir el legado de este profeta de la dignidad humana a unas páginas sería una pretensión imperdonable.  Si es importante, particularmente en nuestro contexto nacional y global, destacar algunos de los aspectos significativos de lo que considero parte esencial de su legado.

Es así como la opción por la libertad constituye un elemento fundamental de su propuesta ética y social.  Fue el “evangelio” de la libertad horizonte abierto de su gesta por la emancipación plena del ser humano, particularmente de la raza negra.  Al inicio de su primera conferencia radial, en referencia al espacio abierto que el Canadá representaba para el negro, declaraba, “El esclavo negro, a quien le fue negada toda educación, a quien se llegó a deshumanizar encerrándole en plantaciones cruelmente organizadas, sabía que, a lo lejos, hacia el Norte, existía un país -Canadá- donde, si conseguía superar los horrores de la huida, podía encontrar la libertad”.

La libertad, como fundamento de la dignidad humana, afloraba como el lugar social legítimo y preferencial en el pensamiento y la praxis de este heraldo de la liberación.  En este sentido, Martín Luther King nos legó el ánimo ético del derecho a resistir “el mundo” cuando la configuración opresiva de este depreda la integridad y la dignidad humana. Nos ofrece su pensamiento la posibilidad de considerar la libertad en toda su complejidad y sus desafíos. Es así como nos alertaba, y aun continua pertinente su visión al señalar que: “Actualmente, el problema no consiste en saber si llegaremos a ser libres, sino de qué manera nos ganaremos la libertad”.

Es muy pertinente reconocer que ante los “avatares” de la lucha por la libertad es imperativo leer con aguda asertividad los “signos de los tiempos”.  Por eso King nos alerta al hecho, que aún es sumamente vigente, al destacar “de qué manera nos ganaremos la libertad”.  Este constituye el gran desafío actual para nuestra coyuntura histórica nacional como global.  Requerirá de una praxis y una reflexión profunda y humilde el poder precisar los caminos de la libertad.

En una nota auto-reflexiva, que con emoción elocuente nos sirve aún de alerta existencial e histórica, señaló: “La época de la buena voluntad y el deseo de ayudar a los negros- época por otro lado, de corta duración- se acabó rápidamente. A medida que se iban perdiendo las esperanzas inmediatas, los negros se iban dando cuenta, cada vez con más certeza, de que el objetivo final, la libertad, todavía quedaba muy lejos; y nuestra vida se convirtió en una agonía que todavía no ha terminado”.

Muy consciente de la disyuntiva de enfrentar un cuadro cultural marcado por el “pecado social” del racismo, la desigualdad económica, la perpetuidad estructural de una economía “belicista blanca” y un sistema legal plagado de iniquidad, el profeta negro reconocía el largo camino hacia la libertad.  El mensaje que King nos legó nos advierte a evitar toda ingenuidad de aspirar a soluciones nobeles e ilusorias al problema del colonialismo, el discrimen y el prejuicio.  Los vicios del poder, la arrogancia de clase, la prepotencia imperial y la esclavitud subyacente de las conciencias son escollos evidentes en este camino hacia la libertad.  Por largo tiempo los sectores dominantes han chantajeado financieramente a grandes sectores sociales implotando así la voluntad revolucionaria. Me temo que no hay soluciones mágicas ni protagónicas en este peregrinaje libertario y liberacionista.  Se requerirá de una paciencia profética y una sabia estrategia liberadora.

Pero también fue la táctica de la no-violencia y la resistencia pacífica otro de sus legados a los sectores que aún validan, como acto de resiliencia, la gesta por un mundo nuevo y mejor.  De hecho, ese fue el sueño mayor de Martin Luther King.  Parecen cargadas de espíritu auténticamente profético su descripción de un periodo histórico: “A pesar de sus elementos de construccionismo, la década de 1955 a 1965 dio una visión falsa de nuestra lucha. Nadie parecía darse cuenta de la gran cantidad de ira y violencia que los negros trataban de evitar, ni tampoco de la mucha intolerancia que los blancos trataban de disimular”.

Aún hoy tal realidad se perpetúa al interior de nuestra sociedad global y local.  Unos reprimen y otros racionalizan.  Tal realidad genera un nivel de violencia visible e invisible en hostilidad, indiferencia, necrofilia, crimen, discrimen generalizado, obsesión religiosa y agotamiento ético entre muchas otras perversiones de la nobleza del alma humana. La islamofobia, la xenofobia entre otras minan la solidaridad humana.

Una de las opciones por las que King optó fue la no-violencia y la resistencia pacífica.  Ambas opciones debían ser consideradas como estrategias de acción transformativa a fin de lograr su eficacia política y su validez histórica. En esa perspectiva King afirmaba: “Actualmente, la protesta basada en la no-violencia ha de madurar hasta alcanzar un nivel más alto que equilibre la airada impaciencia de los negros y la poderosa resistencia de los blancos. Este nivel más alto está representado por la desobediencia civil en grado masivo”.

Cada momento histórico deberá identificar sus estrategias más pertinentes.  Lo que King nos legara fue la idea de que la praxis constituye el elemento concreto en el discurso orientado hacia la transformación histórica.  La construcción de una nueva realidad histórica representa la fundamentación ética de configurar una acción radical de cambio. No es suficiente la elaboración abstracta y teórica de ideas o lecturas de la realidad para lograr la consolidación de lo que en la perspectiva evangélica se llama “el Reino de Dios y su justicia”.

La creatividad nos puede ofrecer nuevos modos de concebir la no-violencia y la resistencia-pacífica.  Urge evitar, como también King nos ilustró, los dualismos religión-política; piedad-materialidad.  Será necesario una espiritualidad política que otorgue virtud a una visión holística de la realidad e incorpore nuevos contenidos a la praxis de resistencia y no-violencia.

Al final del libro antes citado se incluye un sermón ofrecido por Martin Luther King en la Navidad de 1967 en Atlanta. Comparto el siguiente texto que considero profundamente profético y alentador: “Todos nosotros estamos atrapados en una red inevitable de reciprocidad, atados a los hilos del destino. Lo que afecta directamente a un individuo, afecta indirectamente a los demás. La estructura de la realidad, que está formada por un proceso de interrelaciones, nos obliga a vivir juntos”.

El reverendo Martin Luther King fue asesinado el 4 de abril de 1968 en la ciudad de Memphis, Tennessee. Con su muerte renació la esperanza de que un día volveremos a ser uno en la gran solidaridad universal.  Será ese el día que logremos un ecumenismo global y político en el largo camino hacia la LIBERTAD.

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