John A. Regis

Tribuna Invitada

Por John A. Regis
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El legado de McCain

Este fin de semana tuve el gran honor de haber sido invitado por su familia a los actos fúnebres del senador John Sidney McCain III. 

McCain ha sido un héroe, un patriota y un senador con una trayectoria de ejecución que se ha ganado el respeto y cariño del pueblo americano.  En sus actos funerales, multitudes se arrojaron a la calle para darle su despedida.  Filas de tres horas se mantuvieron durante todo el día para ver sus restos en el Capitolio y fue necesario mantener las puertas abiertas por cuatro horas más. A lo largo de las calles y carreteras por donde pasaría la procesión funeral, miles de personas se congregaron para darle su último adiós.  

McCain era una persona magnífica, realmente excepcional. Creció en una familia militar en la que su padre y abuelo fueron almirantes de cuatro estrellas de la Marina norteamericana.  Además de haber sido militar, prisionero de guerra, héroe, patriota, congresista, senador, candidato a la presidencia de los Estados Unidos en dos ocasiones y todo lo que generalmente conocemos, McCain era muy dedicado a su familia. Viajaba de Washington a Phoenix todas las semanas para poder compartir con ellos. 

Él era miembro activo de los comités de Fuerzas Armadas, Seguridad Nacional y Asuntos Indígenas. Luchó enérgicamente para proteger los derechos y mejorar las condiciones de los militares y veteranos. 

Por años, McCain presidió la “International Republican Institute”, una organización dedicada a promover la democracia en todo el mundo. Esta entidad ofrece talleres sobre democracia organizando y entrenando a gobiernos e instituciones locales a realizar elecciones. También supervisa y observa elecciones para asegurar su integridad. 

McCain era conocido como un “rebelde” por decir y hacer lo que creía correcto sin importarle lo que otras personas creyeren.  A veces en contraposición con su propio partido, lo cual causó algunos problemas con miembros de su colectividad.

Uno de los asuntos en los que McCain creía fuertemente, es que el gobierno es electo por el pueblo y debe responder solo al pueblo, no necesariamente a los partidos políticos. Creía en trabajar con ambos lados del pasillo, demócratas y republicanos, para obtener una mejor legislación en beneficio de todos.

Por años, McCain tuvo una gran amistad con demócratas como Ted Kennedy y Joe Lieberman. En 2008 su primera selección de vicepresidente fue Joe Lieberman, un demócrata, convencido de que el trabajo junto de ambos partidos beneficiaría más al pueblo americano. Lieberman no pudo aceptar la oferta.

En su memorable discurso de agosto, cuando su único voto no hizo posible la legislación para derogar el Obamacare, McCain enfatizó que el Congreso no estaba trabajando bien como antes. Que el Congreso estaba demasiado politizado. Que un partido no puede, o no debe legislar por sí solo. Que tenemos quetrabajar juntos para una mejor legislación y una mejor América.

McCain no pudo estar más correcto.  Su principal legado es precisamente el de despolitizar el gobierno. El de trabajar unidos para una mejor nación.

Este es un asunto que aplica al gobierno de Washington, al igual que a nuestro gobierno en Puerto Rico. Basta ya de cambiar legislaciones cada cuatro años para favorecer a un partido u otro, o un estatus u otro. Quien sufre somos nosotros, el pueblo. Basta ya de hacer planes económicos de 20 años, para venir otro partido o candidato a rechazarlo y hacer otro nuevo, o respaldar un trato contributivo u otro, o un idioma u otro. Basta ya de hacer legislación para ganar popularidad o votos o favorecer un partido, un estatus u otro. 

Esta politiquería, esta falta de legislar para beneficio del pueblo es precisamente una de las razones que ha llevado a la quiebra de nuestro gobierno. A una crisis fiscal. A la necesidad de trabajar con una Junta de Control porque nosotros no podemos controlarnos políticamente para trabajar por el bien del pueblo.

Esta es la filosofía de buen gobierno que John Lindsey McCain III nos deja a todos. Ojalá su mensaje percole en todos nuestros legisladores y funcionarios públicos, no solamente para una mejor América, sino también para un mejor Puerto Rico, un mejor desarrollo económico que promueva prosperidad, seguridad y mejor calidad de vida.

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