Héctor Luis Acevedo

Punto de Vista

Por Héctor Luis Acevedo
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El legado público de Tugwell

En la vida para ser hay que querer, para querer hay que sentir, para sentir hay que conocer, y para crecer hay que entender. Un pueblo que no tiene memoria es víctima de los vientos de ocasión. Un pueblo sin sentido de su épica es “arcilla fácil para la mano ajena”.

Este jueves a las 10:00 am, cuatro jóvenes universitarios nos abren caminos de entendimiento al participar de un junte en el Reciento Metro de la Universidad Interamericana sobre el legado del último y más influyente gobernador americano, Rexford G. Tugwell.

Ketzy García de la Universidad Católica, Héctor Rivera del Colegio, Sergio Calzada de la Universidad de Puerto Rico y Ricardo Marrero de la Inter, voluntariamente se han dedicado a estudiar su figura y en una actividad a abierta al público expondrán sus diferentes visiones.

Tugwell fue quizás el creador del marco gubernamental que bajo el liderato político de Luis Muñoz Marín encausó el desarrollo de Puerto Rico. Su legado está en crisis por haber abandonado sus principios y el buen gobierno que distinguió al país por décadas. La crisis no es por falta de maestros ni de buenos ejemplos.

¿Qué nos lega Tugwell?

Primero, ejerció un control sobre los nombramientos del ejecutivo superando las ternas tradicionales que le enviaban los partidos de mayoría al gobernador para la selección de sus puestos de confianza.

Segundo, trajo a Puerto Rico talento con experiencia de Estados Unidos para sentar las bases para las nuevas estructuras de gobierno que estaba encaminando. Ayudaron a crear la Junta de Planificación y el Negociado de Presupuesto. Se contrató al Public Administration Service de Chicago para asesorar a las agencias, en particular sobre los sistemas de personal y contabilidad de gobierno.

Tercero, reclutó o motivó a un grupo excepcional de personas a incorporarse al poder ejecutivo, que permearon con sus destrezas y principios el quehacer público por más de veinticinco años. El certero juicio de Tugwell y Muñoz para incorporar a personas de primera categoría al servicio público es quizás el testimonio crucial de su gran éxito, muchas veces sumergido en el olvido.

En sus memorias expresó: con gran sabiduría: “De Jesús, Moscoso, Jaime Benítez, Picó, Fernádez García, Luchetti, Belaval, Fernós, Buscaglia, Nigaglioni, Descartes, Cuevas, Sánchez- all the administrative group- were men of one mind and one service, that they could not be bought with money or gain of any kind, and many of them, not even with power“.

Cuarto, fomentó la creación y crecimiento de corporaciones públicas como Acueductos y Alcantarillados, Fuentes Fluviales y el Banco Gubernamental de Fomento, los brazos que impulsaron el desarrollo de Puerto Rico.

Quinto, estableció la norma de que ingresos no renovables deben dirigirse a gastos no renovables como escuelas, hospitales represas, e infraestructura. Por eso cuando los impuestos del ron aumentaron vertiginosamente durante la Segunda Guerra Mundial y luego desaparecieron, no hubo que despedir a un solo empleado público y no se descuadró el presupuesto.

Sexto, tenía fe en nuestra gente e impulsó el nombramiento del Jesús T. Piñero como gobernador, quien había sido electo como comisionado residente.

Tugwell permanence en nuestro olvido colectivo, quizás el castigo más severo para un hombre público y para Puerto Rico. Es por ello necesario rescatar su memoria y examinar sus aciertos y errores. No se puede apreciar lo que se desconoce.

Por ello, este octavo Junte invita a democratizar la historia y a darle tiempo al pensamiento y examinar alternativas y consecuencias. Algo indispensable en el quehacer público y en decreciente atención. El imperio de lo inmediato, del individualismo y el protagonismo instantáneo se apoderan de nuestro ser colectivo.

El otro día, un amigo me dijo que este Junte no era noticia. Disiento. Pienso que el que cuatro jóvenes saquen de su tiempo libre para estudiar, conocer y compartir esencias de nuestro quehacer colectivo es una gran noticia. O como nos regala la poetisa Elsa Tió: “Ocurre que añoro el respeto de aquellos patriotas que lucharon sin perder el alma”...

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