Zacha I. Acosta González

Tribuna Invitada

Por Zacha I. Acosta González
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Elliott Castro trasciende el mero juego

Recuerdo nuestras acaloradas conversaciones a mis inicios en la Liga Atlética Interuniversitaria (LAI) sobre el valor de las luchas estudiantiles dentro y fuera del campo de juego. Más que los puntos de vistas y los contrastes de las pláticas, eran el tono y carisma con el cual Elliott Castro Tirado me explicaba la razón de ser de las luchas.

Entender por qué y para qué defender los derechos estudiantiles y cómo buscar la justa competencia -por ejemplo, el tema del balance entre atletas internacionales versus los nacionales- fue más que suficiente para unirse a la proclamación de sus ideales, siempre con las modificaciones que conllevó la construcción de mi ser.

Entendí que no había cabida para la trampa, ni para la humillación ante, durante y después de la competencia en el mundo universitario, como ya lo había aprendido en el campo olímpico, donde me ayudaron a formar mi identidad deportiva.

Su elegancia a la hora de la explicación, durante el debate y la defensa de sus posturas era digna de admirar, aunque su contraparte estuviera en franca postura contraria. Se trata de una continua evolución que llevamos los que nos mantenemos sobreviviendo en la industria a la hora de mantener informados a los medios o los medios informando a su público.

Era de entender y respetar. Sus años académicos, 1966-1972, los vivió en la meca de la ingeniería, el Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas de Mayagüez, conocido en la LAI como Colegio de Mayagüez y registrado oficialmente en el Consejo de Educación Superior como Universidad de Puerto Rico, recinto universitario de Mayagüez.

Su participación en la lucha estudiantil formó parte de la rectoría de quien hoy dirige la LAI, el licenciado José Enrique Arrarás. En una entrevista con Radio Huelga el 10 de septiembre de 2011 con el compañero y hoy narrador de la Liga, Edwin Feliciano, Elliott enmarcó su pasión por la lucha estudiantil y cómo engranó su pasión por el deporte. Dos cosas que posiblemente serían difícil de entender, pero son fáciles de sentir por ambas arrancar pasiones.

Elliott ya vivía la historia de la LAI a “flor de piel”. Las trigésimas novenas Justas de Atletismo señaladas para el 2 y 3 de abril de 1971 fueron pospuestas para el 30 de abril y 1ro de mayo del mismo año debido a un incidente por la presencia del ROTC en el campus de la UPR de Río Piedras. Un año más tarde, presenció de manera oficial la participación de las féminas en competencias de pista y campo interuniversitarias. Ya tenía historias que contar. No fue hasta 1974 que entró al semanario Claridad para hacer de su espacio “Las canto como las veo” su columna hasta su revés de salud. Un ingeniero industrial incursionando en la carrera periodística deportiva en uno de los rotativos más importantes del país en esa época, como si hubiera cogido su grado en una escuela especializada en comunicación.

Dentro de su caminar deportivo disfrutó de una crianza de ensueño en Roosevelt teniendo contacto directo con el deporte, que en el presente es un lugar emblemático para jugar béisbol y baloncesto. A nivel cultural, es de disfrute de las Fiestas de la Placita de la Roosevelt, la gastronomía y el cine.

Regresando a su legado, Elliott se unió en 1980 a las transmisiones de la LAI. Fueron cientos y cientos los logros que destacó de estudiantes universitarios en dos etapas recientes, significativas de la LAI: antes de 2006 y después de 2007 hasta abril de 2017. Digo la etapa hasta el 2006 donde competían 14 instituciones y un año más tarde había crecido a 21 con el traslado de las universidades participantes de la desaparecida Organización Deportiva Interuniversitaria (ODI) extendiendo la zona territorial a la Universidad de las Islas Vírgenes con sede en Saint Thomas.

Mi entrada en la LAI fue para agosto de 2009. Las escuelas de comunicación te enseñan lo básico, solo una clase de periodismo deportivo me adentró a lo que me podía enfrentar a la calle hasta que llegué al lado de Elliott. Él fue un aliado en conversaciones acaloradas, reflexivas, apasionadas con victorias y derrotas, ya que todavía tenía en mi sangre la competitividad esgrimística. Fueron retos los que me imponía día a día y que me llevaban a desojar la historia; sumar, restar, multiplicar y dividir las cifras; confirmar los datos una y otra vez; entrevistar sin miedo; rebuscar entre las piedras si era necesario hasta crear la información si no estaba.

Desde 2010 para adelante fue intenso con la Huelga de la UPR. Viví lo que fue informar constantemente los cambios de partidos; entender el fervor de los estudiantes-atletas y fanáticos deportistas por sus luchas; manejar las diferentes posturas de los rectores, decanos y directores atléticos de los sectores públicos y privados, entre otras cosas. Una enseñanza que me ayudó a salir ilesa en la que vivimos en 2017. Elliott me dejó ese legado.

Otros legados universitarios que me dejó fueron: la pasión de conocer más allá del uniforme al estudiante-atleta, ser humana, trasladarme como sea a la acción, no darme por vencida ante los retos de la nueva era mediática y un equipo de trabajo de la LAI que tiene el reto de mantener en alto el desempeño de los estudiantes-atletas desde agosto próximo hasta que caiga el telón universitario ante los nuevos desafíos que enfrenta el país y el estudiantado con recortes presupuestarios.

¡Gracias Elliott Castro Tirado por ser un padre por excelencia para los estudiantes-atletas universitarios! ¡Vuela alto, Súperrrrr Elliott! 

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