Angie Vázquez

Tribuna Invitada

Por Angie Vázquez
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Elliott, perseverante luchador por la independencia

Toda muerte es de esperarse pero algunas nos sacuden y golpean, dejándonos un fuerte sentimiento de pérdida y una inmensurable pena. Cuando la persona es muy especial resulta casi imposible pensar en que no van a estar más con, y entre, nosotros. Ese es el caso del gran y bien querido puertorriqueño Elliott Castro. Su muerte nos deja en dolor profundo porque perdemos uno de los grandes, imprescindibles, ilustres y sabios hijos de esta tierra.

Si le veía o encontraba en una actividad política, social o deportiva usted podía dar por sentado que aquello valía la pena. Su presencia aseguraba la importancia, el éxito y la promesa de una tenaz lucha bañada de sana, aunque nunca inocente, picardía. Su valerosa capacidad de defensa a sus principios, ideales y valores contribuía a convertir cualquier áspera y cruda realidad en una amorosa tarea para la cual había que tener mucha paciencia y visión. Era una de esas personas que marcan positivamente la vida de todos los que tuvieron la oportunidad de conocerle.

Su tenacidad era rabiosa y enfocada; lograba lo difícil con solido empeño pero con dulces palabras. Sabía que una sonrisa curaba heridas e inyectaba ánimos. Así, supo ganarse amigos y colegas de todas las edades, nacionalidades, clases sociales y afinidades políticas. Muchas cosas le destacaban pero su inmensa sensibilidad, alegría de vida y respeto por los demás sobresalían de inmediato. Detrás de esa cálida primera impresión venían sus regalos de buenas palabras, gestos, consejos, opiniones, abrazos y apoyos. Era maestro docto del humanismo en acción. Orgulloso de sus logros patrios, y los de sus compatriotas, siempre conservó la mejor de las actitudes: la humildad. Sobre todo, sabía que el éxito radicaba en la solidaridad y nunca en una sola persona.

Perseverante luchador por la independencia de su patria, le ha tocado morir sin ver su sueño de libertad realizado pero ha muerto en plenitud de vida por haber sido uno de los mejores embajadores de la cultura, el deporte, el civismo y la solidaridad de nuestro pueblo.

Sabemos que la semilla que con tanto esmero sembró con su propia vida y ejemplo habrá de fortalecer y estimular a muchos a seguir adelante con sus consignas y luchas. Es bueno poder llorarle con orgullo y alegría de haberle conocido porque nos dio la oportunidad de conocer un gran ser humano.  A su adorada hija Helga, familiares y amistades, nuestro más sentido pésame.

A ti, Elliott, las gracias por tu vida. Acabas de irte y ya sabemos cuánta falta vas a hacer entre todos, sobre todo entre la juventud que tanto apoyaste. Hiciste patria en cada celebración, en cada columna escrita, en cada paso de tantas marchas, en cada narración deportiva, en toda locución maravillosa matizada por tu pausado y profundo análisis. Porque la patria tiene nombre, hoy gritamos Elliott Castro. Hasta siempre, gran guerrero. 

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