Rubén Dávila Santiago

Punto de Vista

Por Rubén Dávila Santiago
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El lugar equivocado

Parece tan razonable, que hasta sería sentido común: los problemas se resuelven cuando aparecen. Si no están vigentes inmediatamente, no existen. Sin embargo, se trata de una distorsión que subordina el pensar a lo inmediato, como si la historia fuese la aparición de eventos inconexos, totalmente casuales e inciertos. Pensar, en el sentido pleno, no es sencillamente reaccionar, como lo advertía Heidegger.  

Los seres humanos hemos podido sobrevivir, precisamente, porque no enfrentamos las cosas cuando aparecen, sino que figuramos, prevemos. Usamos recursos de pensamiento anticipatorios de modo que representamos mediante signos, es decir, cosas que están en lugar de otras y las representan, situaciones y posibles soluciones. No estamos pasivos en la historia, sino que creamos condiciones del hacer histórico. Es lo que se conoce como la historicidad. Eso es central en la cultura. 

Por cultura se entiende el conjunto de valores, principios, saber hacer, normativas, expectativas, estrategias, preferencias, principios de hacer, prácticas, valorizaciones, de carácter sociohistórico, que resignifican el mundo y con ello identificamos los problemas y sus soluciones. A nivel de las prácticas culturales, es decir, nuestras acciones cotidianas normalizadas que constituyen definiciones y respuestas a problemas de nuestra existencia, se han producido varios principios que inciden en nuestro hacer: la ética inmediatista, el hacer ficcional, el encubrimiento diligente y la normalización del mirar. En esta columna toco el primero. 

En cuanto a la ética inmediatista, no se refiere a la necesidad imperiosa, y ligada a nuestra supervivencia, de resolver los problemas que se plantean, sino la conformación de un principio que antecede las situaciones y las reduce a lo inmediato y adquiere la forma de un “lenguaje compartido” asumido como normalidad y sentido común.

Esta visión sobre el bien y el mal postula lo inmediato como la categoría central a partir de la cual se justifica la acción. El decurso es entendido como acontecer en lugar de concebirlo como proceso y devenir. No existe acción preventiva sino reactiva. Se producen al menos dos acciones derivadas. Una es la acción correctiva inmediata. Frente a la situación adversa, se reacciona y el remedio no lleva aparejada la calidad, sino que la acción misma de “atender” la situación es vista como legítima, aunque sea en detrimento del bien en cuestión por la pobre calidad de la naturaleza de su implementación. Otra es el parcho. Se trata de un recurso remedial que busca resolver, enfrentar mediante el uso de un recurso que se define, al inicio, como uno provisional y parcial. El parcho se define, en su intención primera, como algo “temporero”, aunque en la cotidianidad no resulte así. El parcho busca sustituir de manera inmediata y provisional el “defecto”, creando una situación “aceptable”. Es en sí un intento de clonación, que degrada la calidad del objeto (no sólo físico) por lo que nunca se integra, tratando los síntomas del problema, pero sin solucionar su raíz.   

En esa ética inmediatista, hay carencia de acción de intervención y planificación adecuada, previsión de las futuras situaciones, evaluación que tome en cuenta condiciones más allá de las inmediatas. No es si la Central está produciendo ahora energía, o las líneas en este momento funcionan. Aunque la escuela esté en terreno peligroso en un sismo, pero no se ha caído, y aquí entra su “lógica”:  pues no es un problema, porque a nivel inmediato funciona. Cuando se caiga, se “brega”. No existe una noción de proceso que nos haga entender que lo que aparece en un momento dado no es su propia realidad, sino que presenta una apariencia, pero forma parte de una totalidad mayor y significativa.

La palabra “ética” que nos llega del griego puede tener dos distintas etimologías, que son complementarias: una que significa “hábito”, “costumbre”, “estar acostumbrado”, y la segunda, del éthos, que significa “carácter” y que en la ética aristotélica están vinculados en la medida en que el carácter se forma a través del hábito o la costumbre. Curiosamente, otra posible raíz del término significa “lugar acostumbrado”, “morada”, “refugio”. Me pregunto si nos estamos refugiando en el lugar equivocado.


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miércoles, 29 de enero de 2020

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