Ángel Muñoz Alicea

Punto de vista

Por Ángel Muñoz Alicea
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El manejo de las pérdidas en la pandemia

La pandemia que amenaza al país ha forzado a todos a enfocarse en lo urgente, dejando en segundos y terceros lugares aspectos importantes como no poder dar cierre emocional cuando surge la pérdida de una vida.  

En los diálogos sobre distanciamiento social no se discuten las secuelas psicológicas que se comenzarán a presentar en las próximos meses en relación con este tema. Algunos líderes del país pasan por alto que el aspecto psicológico es el único que no se desliga de las diversas crisis sin importar su procedencia. 

La muerte, en tiempo del distanciamiento social, tiene un fuerte impacto en la salud emocional de las familias. En Italia, el coronavirus ha impedido que cerca de 20,000 familias se despidieran de sus seres queridos. Mientras, en los Estados Unidos, cerca de 21,000 familias han sufrido lo mismo.

Uno de los finales dignos de una buena vida es morir rodeado de tus familiares. Esa despedida es otro aspecto que la pandemia les ha arrebatado, tanto a los familiares como al paciente. Esta ausencia de ese cierre tan importante los lleva a una devastación emocional y complica aún más el escenario psicológico al no poder compartir con familiares y amigos un velatorio o ceremonia religiosa. No dar ese último adiós retrasa las etapas de duelo propuestas por Kubbler Ross, encaminadas a una aceptación de la pérdida. 

Los profesionales de la salud mental en los próximos meses no solo atenderemos personas con ansiedad, incertidumbre y fatiga emocional, sino también con duelos complicados o síntomas de depresión al no tener la oportunidad del cierre emocional. El escenario ya ha quedado evidenciado en diversas investigaciones cualitativas realizadas en España y Latinoamérica.

Ante las secuelas emocionales que dejará esta pandemia, será esencial hacer disponibles y accesibles programas de ayuda psicológica sin las habituales restricciones de los planes de salud.

El estado de emergencia no puede ignorar que estas secuelas, en muchos de los casos, se unirán a las que continúan latentes por las pérdidas de vivienda y cotidianeidad luego del terremoto.  Así pues, invito al gobierno a acoger e implementar con diligencia y apertura las recomendaciones del task force social. Ser proactivos en este asunto será crucial para prevenir una crisis de salud mental en el país una vez haya terminado el distanciamiento social y se pretenda regresar a una normalidad que en realidad no lo será por la ausencia de los que ya no están. 

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