Mirelsa Modestti González

Punto de vista

Por Mirelsa Modestti González
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El maravilloso medicamento de la esperanza

Pocas situaciones en la historia moderna han creado tanta ansiedad y temor como la pandemia del COVID-19. Como si las cifras e imágenes no fueran suficientemente impresionantes, circula por las redes un torrente de información falsa, medias verdades o verdades fuera de contexto que abonan a la confusión y terminan por dejar a eruditos y ciudadanos de a pie emocionalmente exhaustos y atemorizados. 

Los expertos tildan al SARS-CoV-2 –causante del COVID-19– como un virus agresivo en el contagio y de alta letalidad. Basta con saber que, mientras escribo estas líneas, hay casi 2.2 millones de casos confirmados en el mundo y han muerto casi 150,000 personas, para comprender que las precauciones de distanciamiento social, la campaña de #QuédateEnCasa y las precauciones sanitarias como el lavado de manos, uso de gel desinfectante y equipo protector están más que justificadas. 

Sin embargo, esa misma estadística ominosa nos dice que de los sobre dos millones de infectados, una cuarta parte (más de medio millón) se ha recuperado satisfactoriamente, mientras que un 6.7% ha tenido un desenlace fatal. Casi un millón y medio de personas está todavía batallando la enfermedad y la gran mayoría se recuperará satisfactoriamente. Del millón y medio de personas que están padeciendo COVID-19, solo el 3.7% está en condición grave o crítica. Y esas cifras parten de pacientes con diagnóstico confirmado. La gran mayoría de las personas no tiene el coronavirus y la inmensa mayoría de los que se infecten se van a recuperar satisfactoriamente por su cuenta. Tenemos que cuidarnos porque no queremos ser parte del lado difícil de las estadísticas y porque, en estos momentos, solo nosotros mismos, tomándolo con la seriedad que amerita, podemos bajar esos números y, en teoría, vencer al virus.

Hay otras buenas noticias. Según el U. S. Library of Medicine, hay 657 estudios clínicos registrados actualmente con relación al COVID-19 en ClinicalTrials.gov. Además, la base de datos de la Organización Mundial de la Salud da cuenta de otros 590 estudios en otros países. Algunos de estos, como uno de la Universidad de Chicago, han comenzado a arrojar resultados verdaderamente prometedores. Pero el proceso de los estudios clínicos es muy riguroso y no se puede llegar aún a conclusiones definitivas. Para el público que espera ansioso el descubrimiento de una cura, tratamiento o vacuna, el silencio de los científicos puede ser desesperante, pero no quiere decir que no hay buenas noticias en el horizonte. Todo lo contrario, indica que son absolutamente rigurosos en las investigaciones.

Ciertamente, la pandemia del COVID-19 es muy seria y hay que responder a la altura del reto. Pero pasará. Hay tratamientos y vacunas en desarrollo y nos toca cuidarnos y resistir en lo que están disponibles. 

¿Qué puedes hacer? En lugar de sentirte “encerrado” en casa, escoge sentirte “protegido en casa”. Dale sentido al sacrificio que haces, cuídate y cuida a los tuyos. Ejercítate y mantén la mente ocupada. Practica la solidaridad: ayuda en lo que puedas a familiares, vecinos y amigos (a veces, un pequeño gesto es una gran ayuda para otro). Sé amable con los demás. Ama más y juzga menos. Agradece el heroísmo de los profesionales de la salud que, día a día, arriesgan su vida para salvar las de otros. Y recuerda que la esperanza es una gran medicina. Compártela.


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