Amanda Rivera Flores

Tribuna Invitada

Por Amanda Rivera Flores
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El mejor regalo desde la diáspora para los niños de Puerto Rico

En esta época navideña, para muchos padres y madres en Puerto Rico, cumplir con la lista de regalos de sus niños es muy difícil.  Antes del huracán María, el 58% de los niños vivía bajo en el nivel de pobreza, y es muy probable que esta condición haya empeorado. Quizás el primer instinto de quienes quieren ayudar es donar regalos. Es noble, pero no resuelve la raíz del problema: la inseguridad económica familiar. 

Los resultados preliminares de un estudio comisionado por el Instituto del Desarrollo de la Juventud indican que alrededor de 30 por ciento de todas las familias con niños perdió ingresos a raíz del huracán. Sin embargo, el impacto de esa falta de ingresos fue más drástico para las familias más pobres. A raíz de esa pérdida de ingreso, el 40 por ciento de esas familias no pudo pagar sus cuentas de agua y luz, el 38 por ciento en algún momento tuvo dificultad para hacer compra, el 21 por ciento  no pudo comprar materiales educativos para sus hijos y el 16 por ciento  no tuvo dinero para comprar medicinas. 

A pesar de algunas de las ayudas y beneficios, la realidad es que los gastos extraordinarios causados por el desastre, combinados con el aumento en el costo de vida, presentaron un gran golpe para el bolsillo de madres y padres de familia en Puerto Rico.  

Lamentablemente, a más de un año del huracán no ha habido ningún alivio económico destinado específicamente para esas familias con niños. Esto es preocupante cuando tomamos en cuenta el impacto negativo de la inseguridad económica en el desarrollo de la niñez, y el hecho de que nos urge retener familias jóvenes, debido a la crisis demográfica que enfrentamos. 

Una posible solución al problema antes expuesto es la extensión del Child Tax Credit (CTC) federal a familias con uno o dos niños en la isla. El CTC existe ahora en Puerto Rico para familias con tres niños o más, y consiste en un crédito contributivo que resulta en un reembolso para aquellas familias de bajos ingresos que trabajan. Es dinero que iría a los bolsillos de las familias trabajadoras, ayudaría a reducir la pobreza infantil y aliviaría la carga económica que dejó el huracán. 

Tan reciente como esta semana, todavía se consideraba esta idea en Washington. Pero a pesar de ocho proyectos de ley que han incluido esta modificación al CTC, el Congreso no la acaba de aprobar. ¿Por qué? Por falta presión de los constituyentes y aquí es donde la diáspora tiene un rol clave.

El Congreso tiene que escuchar una voz contundente exigiendo que, antes de que  termine 2018, se haga realidad esta propuesta. La misma traería más de $270 millones anuales a la economía puertorriqueña, y sería un primer paso en la recuperación de aquellas familias con niños que, a pesar de trabajar, no logran echar pa’lante. 

No podemos esperar un año más. Para comunicarse con su congresista, los exhortamos a que visiten la página de Facebook del Instituto del Desarrollo de la Juventud, donde encontrará más información. De esta manera contribuiría hacia lo que sería el regalo navideño más significativo que hayan recibido en muchos años los niños, niñas y jóvenes de Puerto Rico.

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