Marcelino Oyola Cintrón

Punto de vista

Por Marcelino Oyola Cintrón
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El mensaje de un niño refugiado

Ahogado en llanto y con rostro compungido, pero sostenido por la fe, un menor refugiado exclama “estaremos aquí, hasta que Dios lo permita”. La fe y la esperanza enriquecen y afincan en los seres humanos la espiritualidad. Es esta una gran fortaleza y herramienta para lidiar con situaciones como las que vive este jovencito, tras el impacto del terremoto de los Reyes, que bien representanta a miles de boricuas en este momento.

Siguiendo la línea de fortaleza espiritual de este jovencito, esperamos que algunos jefes de agencias escuchen el llamado de Dios, a través de este niño, para que actúen. El llamado es para que cambien el “hasta que” por “ya mismo, vamos en camino, estoy a tu lado, juntos lo lograremos”. Estos tienen el poder, el dinero y la autoridad, solo les falta saber cómo o la disposición de.

La Secretaria Auxiliar de Servicios al Estudiante del Departamento de Educación, cuenta con más de 2,000 trabajadores y trabajadoras sociales escolares, un gran número de orientadores y orientadoras, así como de consejeros y consejeras escolares y personal de la salud. Todos estos son excelentes profesionales. Los más experimentados pueden constituirse en equipos de trabajo para atender a los refugiados en los mal llamados “refugios no formales” y convertirlos en “formales”.

Estos mal llamados refugios no formales exhiben liderato, empoderamiento comunitario, resiliencia, fortalezas y sentido de comunidad. Solo les resta asistencia intercesora para acercar los servicios necesarios a donde están, no a la inversa. Esto lo pueden hacer excelentemente los y las trabajadoras sociales escolares.

Lo que los mal llamados refugios informales no necesitan es la amenaza de moverlos a la fuerza hacia refugios formales. Esto es como decirle a un menor maltratado que salga de su refugio, debajo de la cama, para yo protegerlo o le pego con la correa, si no me obedece.

Hasta que el Departamento de Educación lo permita. 

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