Ada Mildred Alemán Batista

Punto de vista

Por Ada Mildred Alemán Batista
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“Él me pega, pero trae la compra”

La lealtad es una virtud que se desarrolla y pasa a formar parte de nuestra conciencia. Es lo que nos hace cumplir con los compromisos aun ante circunstancias adversas. Se trata de una “obligación” que uno contrae con el otro, pero sobre con uno mismo.  Lo contrario de la lealtad es la traición y supone la violación de un compromiso expreso o implícito.  Si la lealtad implica aceptar que el otro nos haga daño, entonces deja de ser una virtud y se convierte en un defecto.  Por eso debemos ser leales solo a nuestros principios, ideologías y valores, y no a otras personas o grupos, incluidos los partidos políticos.

Si conocemos a personas que poseen valores y creencias similares a las nuestras, usualmente, se convierten en nuestros amigos y les somos leales. Pero si al cabo de un tiempo nos percatamos de que la persona no era como nosotros creíamos o cambió mucho, entonces rompemos la amistad, lo que nos causa mucho dolor emocional; sufrimiento. 

Igual ocurre con la pareja, pero en este caso el sufrimiento es de mayor magnitud.  Parejo sabemos de personas que mantienen relaciones que les dañan y se quedan en la relación, ante lo que nos preguntamos ¿por qué?  En general, porque el victimario logró que la víctima vea el mundo a través de sus ojos.

Sé de mucha gente que está sufriendo porque  “su” partido ya no es lo que fue.  Personas que no están de acuerdo con lo que está ocurriendo en la colectividad política en la que han militado toda su vida y les duele. Gente que de solo pensar en votar por otro partido o por candidatos de otros partidos los hace sentir como traidores. 

Son los que repiten frases como “todos son iguales” o “ellos no han robado porque no han estado en el poder”, y expresiones parecidas.  El sufrimiento que experimentan por lo que está ocurriendo en “su” partido, es tan fuerte que buscan excusas para calmar su angustia.  Es como decir, “mejor malo conocido, que bueno por conocer”.  Calman su angustia mediante el uso de tres mecanismos de defensa: negación, disociación y racionalización.

Los mecanismos de defensa son estrategias psicológicas inconscientes, que se utilizan para hacer frente a la realidad y mantener nuestro auto-concepto positivo.  Las personas sanas mentalmente utilizan diferentes mecanismos de defensas a lo largo de la vida, lo que es aceptable, mientras no se abuse.  Su uso se considera patológico solo cuando es persistente y lleva a un comportamiento inadaptado que afecta la salud física y/o mental del individuo.

La negación implica lidiar con situaciones obvias de la realidad como si no existieran.  Son los que dicen “eso no es cierto”.  En la disociación, de modo involuntario, olvidamos eventos que serían muy dolorosos si se les permitiese acceder a nuestro pensamiento.  En mi opinión, ese es un mecanismo de defensa muy utilizado en nuestro país; en las elecciones se nos olvida lo ocurrido durante los pasados gobiernos.  Por último, la racionalización que consiste en justificar nuestras acciones para evadir la censura y la crítica.  Esos son los que dicen “ellos no han robado porque no han estado en el poder”.

Es como la mujer que sufre violencia de género y dice “él me pega, pero trae la compra”.  Pero cada vez va a ser mayor el maltrato y la compra más pequeña.  

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