Mayra Montero

Tribuna Invitada

Por Mayra Montero
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“El muro de Celestino”

La verdadera muralla que ha construido el presidente Trump, y que ha quedado muy al descubierto en su primer Mensaje del Estado de la Unión, es la que se levanta entre sus promesas y el cambio climático.

No lo oye. No lo ve. No lo reconoce como una verdadera amenaza a su pueblo. La sombra del calentamiento global (y los desastres que acarrea), puede ser más ominosa que los desplantes nucleares de Corea del Norte; más sangrienta que el acoso de las “maras salvatruchas”; más imprevista que los ataques de ISIS.

“La debilidad es el camino al conflicto”, ha dicho Trump, dando entender que, si por él fuera, plantaría una cabeza nuclear en el patio de cada casa americana.

Las cabezas nucleares, sin embargo, no pueden impedir ciclones, crecidas inéditas, interminables sequías o devoradores incendios. Ese es el verdadero enemigo de los próximos años. Lo que un filósofo mordazmente ha definido como “el terrorismo de Dios”. Y a Dios no se le puede encerrar en Guantánamo, ni disuadirlo con el poderío nuclear con el que Trump promete ahora blindarse.

Se afilan los dientes los grandes productores de materias primas para la construcción de bombas atómicas. Se los afilan, también, los encargados de fabricar los imponentes artefactos nucleares, capaces de matar millones con un “click” y mantener un efecto invernadero, de gases venenosos, durante décadas. Estados Unidos tiene en la actualidad poco más de 7,500 cabezas nucleares, casi mil menos que Rusia. O eso es lo que reconocen, la realidad no la sabremos nunca.

El orate Kim Jong-un, que afirma haber probado con éxito la temible Bomba H, 100 veces más potente que la que soltaron los americanos en Japón, en el 45, devoraba plácidamente su almuerzo a la hora en que Trump hablaba de Corea del Norte. Era mediodía en Pionyang.

Se le puede reprochar a Donald Trump cualquier cosa, menos el subterfugio. Suelta claro y alto. No defraudó a sus seguidores, quienes no figuran entre las poblaciones liberales de Nueva York, Boston, o San Francisco. No. El alma americana, la más robusta, palpita en otra dimensión. Y a esa dimensión se acercó el presidente hace tiempo, durante su campaña: lenguaraz, desconfiado, soberbio, mujeriego. Todos los imperios tienen su rinconcito de inseguridad, y Trump lo conoce como nadie. Lo muestra y manipula a manos llenas, y no se avergüenza de ello. He ahí la clave de su éxito.

Oyéndolo estaba Celestino Martínez, mejor conocido por CJ, veterano de la Fuerza Aérea, agente especial del Control de Aduanas, que tiene a orgullo haber detenido a más de cien criminales de las peores gangas. No le ofreció Trump, a Celestino, un país más lleno de oportunidades, que disuada a los jóvenes migrantes de meterse en el hoyo del horror y la violencia. Le prometió, en cambio, refuerzos, y la culminación del muro.

Los cubanos, que cuantifican día a día lo que Estados Unidos les adeuda en lo referente a las pérdidas por el bloqueo, y a la ocupación de la base de Guantánamo, seguirán anotando en una libretita la cifra que se hará infinita. Los centroamericanos, que se aprestan a recibir masas enloquecidas de pandillas, muchos de cuyos miembros ni siquiera nacieron o se formaron en esos países, también reclamarán daños: por los abusos de las bananeras en el pasado siglo, y por la hecatombe que provocará el desembarco de la ola de maleantes, y no maleantes. La expulsión de hasta 15 millones de inmigrantes puede ocasionar un desajuste demográfico inédito en el mundo moderno.

Por eso, cuando aquí algunos se atienen al dinero que “Estados Unidos le debe a Puerto Rico” por el coloniaje, hay que decirles, ante todo, “bienvenidos al club” y luego mandarlos a preguntar quién es el último en la fila. Todos los países latinoamericanos -y por descontado que muchos asiáticos- pueden reclamar daños por invasión, expoliaciones, derrocamientos de gobiernos legítimos, experimentos con poblaciones inocentes, perjuicios que se prolongaron décadas y siglos.

“El muro de Celestino” parece el nombre de un guaguancó. Pero es en realidad la esencia del “Nuevo Momento Americano”. Reflejo del verdadero pensamiento íntimo de millones de estadounidenses que anoche se fueron a la cama satisfechos, sintiéndose incluso un poco más seguros.

El orate de Corea, al terminar el postre, también estaba satisfecho. Pidió que le abrieran esa puerta secreta desde donde ve el piquito de la Bomba H. Tiene con quien jugar.

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miércoles, 31 de enero de 2018

“El muro de Celestino”

La escritora Mayra Montero señala que, con el mensaje presidencial, se afilan los dientes los grandes productores de materias primas para la construcción de bombas atómicas

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