Marcelino Oyola Cintrón

Tribuna Invitada

Por Marcelino Oyola Cintrón
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El niño que llegó a ser gobernador

La agonía es larga, pero la muerte es segura (del refranero popular).

La sabiduría del jíbaro puertorriqueño, manifestada en un decir sencillo, pero con certeza, agudeza y profundidad aplica en estos momentos históricos que vivimos todos. No vengo a pedirle que renuncie, usted sabe que lo tiene que hacer. Aplique la sabiduría jíbara boricua que le dice: Ricardo, la agonía es larga pero la muerte es segura. 

Hoy, más que nunca, la prudencia aconseja, es hora de marchar. No está luchando contra un ejército imaginario, no es un espejismo, es la realidad. Jugó con candela y se quemó.

Hoy sigue mirándose a usted mismo, a Ricky, el niño que llegó a ser gobernador, pero la grandeza, el desconocimiento, el poder y la impresión de impunidad lo emborracharon. Esta actitud fue y sigue siendo agravada por los buitres amigos avaros que lo rodearon, y que pronto descubrieron sus debilidades y dónde estaba el tesoro del pueblo. Mientras usted, como un niño danzaba y saboreaba la conquista del poder por los pasillos del Palacio de Santa Catalina, ellos, sus amigos saqueaban al pueblo. Estos sabían y conocían al verdadero Ricky y usted permitió que lo utilizaran para el beneficio de estos.

Es momento de mirar a su alrededor, ahí está una esposa, un niño y una niña, sus hijos, su familia extendida, y un pueblo iracundo contra usted. Un acto de madurez y sensatez es reconocer que no puede seguir jugando a Ricky, el niño gobernador. Basta ya, por su propia salud mental, por su esposa e hijos y por respeto a un pueblo que le grita vete, renuncia y déjanos vivir en paz, escúchelos.

Ricardo, usted tiene una deuda con Puerto Rico y su gente. Salga de La Fortaleza, hágase el firme propósito de devolver al pueblo puertorriqueño su paz y bienestar.

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