Jinni Morales

Tribuna Invitada

Por Jinni Morales
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El niño que no llegó a su hogar

Hace unos días, un pequeño niño no llegó a la escuela, no porque no hubiera luz ni agua o porque los árboles caídos impidieran el paso para entrar al salón. Fue porque en la noche una bala lo encontró y él estaba jugando. Como siempre, nadie vio nada. El miedo y la cobardía cegó a cada testigo que escuchó el ruido. Es que si ven algo quizás llegan las primas de esa misma bala. 

Que muchas balas encuentran a los niños y niñas de nuestro país. Unas de metal, plateadas, y otras invisibles que son silenciosas, sin color, que no hacen hueco al entrar, pero que viven dentro como si fueran un órgano más, esa que no mata al instante, sino que se acomoda y pasa suave como brisa que te acaba de acariciar.

Que bien conocen esas balas nuestros estudiantes con diversidad funcional. No se dispara con un dedo apretando el gatillo, se dispara en esa falta de compromiso, en el desgane tradicional o en el costumbrismo de negar un derecho como algo natural

Cada vez que un niño o niña del Programa de Educación Especial se queda sin terapia es una bala que va entrando. Cuando le damos una mala ubicación es otra bala que va entrando, cuando hablamos de inclusión y los hacinamos en grupos de treinta y cinco o más, son muchas balas que van entrando, cuando pasa un mes de inicio escolar y faltan 173 maestros de educación especial  son cientos de balas que van entrando,  cuando dejamos una maestra a cargo de un grupo de impedimentos múltiples por tres años sin asistente son nueve balas que van entrando, cuando una estudiante con retardo mental es violada por el porteador y trae un niño al mundo como evidencia de que no mintió, es una bala que va matando. Cuando se dan terapias grupales para ahorrar dinero sin respetar la necesidad de ese ser humano son miles de balas que van entrando, cuando le niegas un equipo de asistencia tecnológica o peor aún, cuando no le llega es otra bala que va entrando.

Cuando segregas a nuestros estudiantes porque tienen impedimentos y eso no es lo normal, son miles de balas que van entrando. Si como país te permites un pleito de clase por más de treinta y cinco años, evidenciando vergonzosamente la mayor violación de derechos humanos de tu historia, son miles de balas que van entrando. Cuando miles de niños y niñas con diversidad funcional llegan a los veintiún años y te preguntas ¿después de los veintiuno qué?

Son millones de balas que fueron entrando.

Hoy un niño no fue a la escuela porque una bala lo encontró jugando, mañana miles de niños y niñas con diversidad funcional llegarán a los veintiuno y un sistema los fue matando.

En homenaje a un niño de nueve años que debió quedarse jugando, que hoy y mañana debería estar en la escuela.

Mi corazón con su familia, su comunidad y su escuela.

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