Carlos E. Díaz Olivo

Punto de vista

Por Carlos E. Díaz Olivo
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El no más de David Bernier

“Ganas no me faltan, me siento más preparado que nunca. Pero, en este momento, una candidatura a la gobernación lastimaría severamente a mi familia”. Con estas palabras David Bernier resumió su razón para no aspirar nuevamente a la gobernación de Puerto Rico. La salida de Bernier de la contienda electoral invita a una reflexión serena de sus implicaciones.

De los sentimientos más nobles que un ser humano puede tener, uno de ellos es la inquietud de servir a los demás. Después de todo, se trata del compromiso solidario mínimo que cada ser humano debería tener para con sus semejantes. Desafortunadamente, por la dinámica en que se desenvuelve la política en Puerto Rico, eso no es suficiente.

La decisión de incursionar en la política activa conlleva la transfiguración pública instantánea de la vida de cualquier ser humano. Con el solo hecho de anunciar su candidatura, una persona admirada y respetada pasa, en cuestión de segundos, a ser mirada con recelo y escepticismo por la mitad de la población.

Para la persona honrada, seria y con vocación de servicio público, la política partidista implica un voto de pobreza y sacrificio, no solo para él o para ella, sino también para su entorno familiar. A pesar de sus innegables satisfacciones, la política suele ser profundamente ingrata, muy particularmente, para aquellos que bien le sirven al país.

A la luz de lo expuesto, es entendible perfectamente la decisión de Bernier. Aun así, no deja de ser lamentable toda esta situación. Independientemente de los cuestionamientos que pudieran hacérsele a Bernier, la realidad es que es una persona seria y bien intencionada. Visto desde esa perspectiva, resulta preocupante para Puerto Rico que, cada día, la política aleje del servicio público a personas de tales características. Como resultado de ello, muchas veces, el escenario político termina ocupado por los menos capaces y genuinamente comprometidos y de ahí, la explicación para el colapso económico, político y social que vive Puerto Rico.

Afortunadamente, la política partidista no es el único instrumento para servir a la patria. Hoy, más que nunca, Puerto Rico necesita aportaciones y propuestas bien pensadas y articuladas provenientes del sector privado, tanto del sin fines de lucro como del con fines de lucro.

Bernier puede muy bien combinar su práctica profesional y su vida privada, con contribuciones intelectuales trabajadas desde la perspectiva no partidista, las cuales pueden resultar más efectivas que aquellas nacidas bajo el fragor de la política partidista. En ese sentido, su impacto en la vida de Puerto Rico está muy lejos de perderse. David es joven aún y mañana, otras posibilidades pueden surgir, incluso en la política.

De otra parte, el no más de Bernier tiene también consecuencias importantes para el Partido Popular Democrático (PPD). Con su salida esa colectividad pierde su figura más carismática y quien parecía tener la capacidad de aglutinar bajo un mismo propósito, la mayor cantidad de populares.

Ahora corresponde a los aspirantes restantes superarse a sí mismos y generar la pasión y atracción para con sus candidaturas que hasta ahora no han logrado. Deben igualmente ser capaces de establecer si alguno de ellos representa la mejor alternativa administrativa para Puerto Rico en estos momentos de crisis. Pero, además, deberán articular por qué el PPD, a pesar de su desgaste reciente y de la pulverización de la que ha sido objeto el Estado Libre Asociado, puede aún servir de instrumento efectivo para solucionar la relación deficiente y maltratante de los Estados Unidos para con Puerto Rico, a fin de vindicar los derechos y aspiraciones de los puertorriqueños.

Hoy, el camino para estos aspirantes luce empinado, muy pero que muy, empinado.

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