Mirelsa Modestti González

Tribuna Invitada

Por Mirelsa Modestti González
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El nuevo mapa puertorriqueño

Aun año del paso del huracán que nos cambió la historia, mucho se ha dicho y mucho se ha reflexionado. Durante los últimos días, hemos visto decenas de vídeos de la pesadilla que vivimos aquel 20 de septiembre (¡como si necesitáramos ayuda para recordarla!). Quizás el cambio más importante que el fenómeno huracanado nos dejó, más allá de la destrucción y el destape de nuestra pobreza, ha sido el cambio en nuestra cartografía social. El mapa de Puerto Rico no puede contenerse ya en el 100 x 35. La familia puertorriqueña se define desde los afectos, la conexión sanguínea y de afinidades y desde la tradición que se transmite, de una generación a otra, en el vecindario y allende los mares.

Si algo nos queda claro, luego de ver el documental Después de María: Las dos orillas, de la cineasta Sonia Fritz, es que los puertorriqueños están hoy más unidos que nunca, no importa donde vivan. Aquella triste campaña de “Yo no me quito” no logró dividir el espíritu boricua. Al final, a Puerto Rico lo están levantando, a fuerza de voluntad y solidaridad, los puertorriqueños que residen en la isla y también los de la diáspora que, en un gran abrazo solidario, envían ayuda e importan desde Puerto Rico materia prima y productos para sus negocios, levantando nuestra economía local.

Estos hermanos, tan puertorriqueños (y a veces más) como los que vivimos en la isla, además de arremangarse y ayudar en la reconstrucción, se han dado a la tarea titánica de hacer que los norteamericanos nos tomen en serio. Han puesto en marcha una campaña masiva de inscripción electoral de los puertorriqueños que llegan a la otra orilla. Saben muy bien que la clave de que allí tomen en serio a cualquier grupo es que sean una fuerza electoral. Tienen clarísimo el papel que juega el estado de la Florida en las elecciones de esa nación y se han dedicado a convertir a los puertorriqueños en una comunidad que bien podría decidir las elecciones en ese estado. Al cerrar filas con los que estamos acá y tener tal fortaleza en las urnas, los puertorriqueños de la diáspora envían un mensaje contundente a los políticos norteamericanos: Deberán ser muy cuidadosos de cómo se expresan y cómo votan en los asuntos que afectan a Puerto Rico.

Los hermanos de la diáspora nos están dando otra valiosa lección. Tienen clarísimo que la política chiquita puertorriqueña ha destruido a Puerto Rico, quizás más que el mismo huracán. Comprenden, mejor que los que seguimos aquí, que la corrupción descarada de los últimos cuatrienios, el quítate-tú-pa’-ponerme-yo, las decisiones, contratos y nombramientos teñidos de rojo y azul nos han llevado a la trágica imposición de una Junta que, lejos de ayudarnos a resolver nada, ha venido a chupar de la yugular isleña, hasta la última gota de fluido vital para saciar la sed de los buitres de nuestra economía. Por eso, le han cerrado el paso a los políticos del patio que han ido allí a comenzar, disimuladamente (creen ellos), sus campañas. No les dan foro.

Por eso, en mi próximo viaje al continente, aplaudiré con fuerzas al aterrizar. No solo porque es una tradición de mi Patria que atesoro, sino que aplaudiré a los puertorriqueños que, desde allá, nos acompañan y nos señalan el camino a la verdadera recuperación.

La autora es profesora de la Universidad del Sagrado Corazón y dirige el Centro de Investigación y Estudio Creativo (COMUNICA) en la Escuela de Comunicación Ferré Rangel.

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lunes, 1 de octubre de 2018

El nuevo mapa puertorriqueño

La profesora Mirelsa Modestti alude a la nueva cartografía Boricua y plantea que hoy los puertorriqueños están hoy más unidos que nunca, no importa donde vivan.

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