Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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El nuevo surco de la esperanza puertorriqueña

No hay tiempo perdido en darlo, por menor que sea el caso que te hagan, ni manera de impedir que uno más viejo comparta su experiencia con el más joven.  En esta época la ley de vida permite que ochentones y noventones aún demos tumbos por ahí con mente despierta, ágil y dispuesta; el conocimiento y la experiencia son fruto de los años que se han vivido y quien no las comparta, además de egoísta, malgasta los años que le resten por vivir.  Dicho eso, desde acá va esto.

Años atrás escribí “Mi palma llora”, y poco fue el caso que hicieron en mi partido.  Se cambiaron líderes y dirigentes, no hábitos ni costumbres, creídos que el ropaje hacía la diferencia; se quedaron aferrados a la maldita autocracia del caciquismo como ‘solitaria’ que come entrañas a la democracia; al billete del inversionista político que paga la campaña y compra la conciencia, soterrando la vergüenza de quien caiga en sus fauces; premiaron con apoyo partidista el ceño fruncido de aquel que espanta votos con álgido ataque, que borra sonrisas y siembra odios en contra de la institución de la Prensa sin miramiento a la erosión cada vez más profunda que ocasiona a la confianza de la opinión pública y en la militancia de la institución partidista.

No se gocen populares e independentistas por este panorama descrito de los míos, que por igual camino andan los suyos.  Basta decir que el otro día estuvo el alto mando del PPD debatiendo si postular o no la seisena de candidaturas por acumulación que la ley les permite para las cámaras legislativas, admitiéndose entre muros la realidad de una base cada vez más reducida; mientras que el PIP está bajo asedio de un nuevo partido que invita al desafilio del club privado a puerta cerrada de omnipotente liderazgo.

Regresando a lo mío, como flor silvestre en campo abierto el ideario estadista creció y multiplicó sin cultivo esmerado de los que lo usufructuaron.  No hay prédica histórica o formativa, pregúntele a cualquiera de los que se postula bajo ideología estadista que explique por qué cree en lo que dice creer… y espere la respuesta.  Afortunadamente los pueblos tienen instinto y propia conciencia; a pesar de los pesares, errores y representaciones falsas de aquellos que lo usan como estandarte para trepar sus ambiciones, el ideario estadista vive triunfante en la conciencia pública y el adversario que antes lo ridiculizaba ahora teme que se cuenten los votos a su favor.  Ese es el capital acumulado para encaminar la descolonización de Puerto Rico, ¡desperdiciarlo es pecado mortal!  Escoger por más de lo mismo nos condena al abismo de la incertidumbre; y los que atrevan abrir el nuevo surco de la esperanza, nos llevarán a la cumbre.

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