Jorge Colberg Toro

Punto de vista

Por Jorge Colberg Toro
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El nuevo tablero electoral

La juramentación de una gobernadora apolítica cambió el panorama de todos los políticos. Y es que la entrada a La Fortaleza de Wanda Vázquez no solo rompió los vaticinios, sino que, hasta ahora, su sorprendente y efectivo inicio ha puesto sobre la mesa el debate sobre la idoneidad de escoger líderes desvinculados de los intereses económicos y las estructuras partidistas.

No obstante, ese debate -que florece como un sueño utópico- se distancia de la realidad porque todos sabemos que este mundo ideal que vivimos desde el final de las multitudinarias protestas pronto llegará a su fin. Y las razones son simples: tarde o temprano la gobernadora tendrá que tomar decisiones difíciles, no podrá complacer a todos ni tendrá los recursos necesarios para atender los innumerables reclamos. Ahí terminará la luna de miel.

Aun así, si la gobernadora continúa su mandato por la ruta de la sinceridad, el sentido común y la sensibilidad, tendrá un pueblo solidario que agradecerá que al menos -aunque sea por diecisiete meses- tengamos una mandataria libre de ataduras que nublen el entendimiento y el orden de las prioridades.

Pero ese escenario no solo trastoca al gobierno, sino que obliga a todos los partidos y candidatos a hacer un profundo acto de introspección sobre la pertinencia de sus aspiraciones y las responsabilidades que habrán de asumir ante un pueblo que ya demostró que no tolerará la corrupción, el engaño ni la mediocridad.

El Partido Nuevo Progresista es el primero que tiene que mirarse en un espejo. Sin haber tenido la capacidad de concluir un mandato, el problema principal que tendrá en las próximas elecciones no solo será la falta de credibilidad ni la ausencia de un mensaje certero de esperanza; es que, nuevamente, la mancha de la corrupción los arropará como un manto de derrota.

El Partido Popular Democrático no se queda atrás. La escueta presencia mediática en la necesaria fiscalización mantiene al principal partido de minoría fuera de lo que se supone sea su rol principal: el ser el principal partido de oposición. Lo digo y lo repito, Aníbal José Torres, Jesús Manuel Ortiz y dos más no pueden cargar al hombro toda una colectividad.

Un partido que aspira a ser gobierno y no tiene dinero ni para pagar el agua demuestra una evidente ausencia de compromiso institucional de sus líderes.

Por su parte, el Partido Independentista Puertorriqueño no luce como un partido realista. Ahora resulta que el único partido que decidió boicotear la Convención Constituyente que redactó nuestra Constitución (sí, la misma que salvó al país) ahora pretende modificar lo que no estuvieron dispuestos a construir.

Y si usted es de los que pensaba mirar a las nuevas agrupaciones, sepa que ninguna ha tenido éxito ante lo intrascendente y superficial de sus planteamientos y dirigentes.

Por eso, la ruta hacia las elecciones nos obliga a ser rigurosos al escoger los mejores hombres y mujeres al servicio de Puerto Rico. Es nuestro deber.



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viernes, 9 de agosto de 2019

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