Irene Garzón Fernández

DE PRIMERA MANO

Por Irene Garzón Fernández
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El nuevo viejo acuerdo en la AEE

Es más de lo mismo, ¿o no? Si no estuviera tan cercano en la memoria el fiasco de Lisa Donahue y Alix Partners, el nuevo pacto con los bonistas de la Autoridad de Energía Eléctrica impulsado por la Junta de Supervisión Fiscal debería verse como una solución a los agobios financieros de la corporación pública.

Pero, ¿por qué será que el plan de Título III, que debe ser aprobado en junio por la jueza federal Laura Taylor Swain para que pueda entrar en vigor, crea la misma dosis de suspicacia que el acuerdo negociado por Donahue durante la administración García Padilla?

Aquel acuerdo con los bonistas para pagar la deuda de $9,000 millones de la AEE y remozarla se anunciaba como la solución a todos los problemas del ente, asfixiado económicamente y con una infraestructura anticuada e insuficiente que, además, dependía casi exclusivamente del petróleo para generar energía.

Nunca sabremos si aquel plan concebido por Donahue y sus expertos habría funcionado porque la política partidista —ese mal endémico que nos consume— acabó arruinándolo. El cambio de gobierno, que representó la salida del Partido Popular Democrático y el regreso del Partido Nuevo Progresista, se llevó también a Donahue y a su plan de salvación, si es que se le puede atribuir tal cualidad.

Sobre el nuevo acuerdo, destaca el titular de este martes de El Nuevo Día anunciando un aumento de 28% en las facturas de consumo a lo largo de tres años. De inmediato, en julio próximo, los abonados de la AEE empezarían a pagar un 5% más.

Donahue decía, y lo avalaban los funcionarios del gobierno de García Padilla, que bajaría el precio del kilovatio-hora y que tendríamos un sistema eléctrico mejor debido a la inversión multimillonaria que representaría la sustitución de las plantas viejas por unidades nuevas y modernas.

Aquello no pasó, dirán ellos, porque vino la administración Rosselló y canceló el contrato de Donahue, que había sido prorrogado ya en más de una ocasión.

Ahora nos dicen que el aumento en las facturas no se notará porque tendremos un sistema eficiente, cada vez menos dependiente del petróleo, aunque lo estamos reemplazando con gas natural, otro derivado del crudo.

¿Y las energías renovables? El viento y el sol están a nuestro alcance, pero seguimos dándoles la espalda porque los intereses económicos son más poderosos.

antes del paso del huracán María, teníamos un sistema eléctrico anticuado. Ahora tenemos chatarra inservible que falla todo el tiempo, como ocurrió el lunes.

El país necesita mucho más que acuerdos enfocados en el pago de una deuda que ni siquiera sabemos si es legítima.

La prioridad no pueden ser los bonistas, sino la gente y ningún gobierno parece haberlo entendido.

Cuando alguno lo haga, la soga dejará de partirse por lo más fino y empezaremos a caminar en la dirección correcta.


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