Benigno Trigo

Tribuna Invitada

Por Benigno Trigo
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El ojo de la tormenta

Hace unos días, la asociación de exalumnos de mi alma mater me mandó un enlace al número 16 de su revista de literatura “The Common” porque incluía un “cartapacio” dedicado a la escritura post huracán María. Inmediatamente pulsé el botón y vi una lista de obras de escritores y artistas como Rafi Trelles, Vanessa Vilches Norat, Tere Dávila, Cezanne Cardona Morales, Sergio Gutiérrez Negrón, y otros.

La revista está a cargo de la profesora Jennifer Acker, y el título del cartapacio es “De Puerto Rico: Un año después de la tormenta”. Cuando leí el título me pregunté por qué se refería a “la tormenta” y no a “María.” Pero cuando terminé de leer la colección, caí en cuenta que no todos los textos hacían referencia al huracán. Algunos marcaban el paso de “tormentas” que iban más allá del fenómeno meteorológico: la muerte de un ser querido, la separación de un matrimonio, la pérdida de la inocencia, la bancarrota del proyecto de modernización. Busqué en la red la raíz de la palabra tormenta y encontré que en latín quiere decir muchos tormentos.

Vistos desde esa definición, los textos hacen referencia al efecto traumático de estas tormentas. Carmen Graciela Díaz las llama catástrofes de proporciones bíblicas. Otros expresan la tristeza, el horror, la indignación, el coraje, el humor negro, y el miedo que estas tormentas dejan a su paso. Francisco Font-Acevedo y Rafi Trelles se refieren a “la resaca” de Santurce. Muchos de los textos se detienen en el ojo de la tormenta y ndescriben un silencio, una interrupción del tiempo, una pausa que revela lo que antes estaba escondido: una profunda soledad, una gran ausencia, o una sensación de aislamiento. Mara Pastor sencillamente dice que “Lo que queda de paisaje / es gente alineada / esperando”.

Después de María, mi hermano me dijo que la tormenta le había abierto los ojos. Había desnudado los árboles de sus hojas, y había puesto al descubierto la pobreza de Puerto Rico. Las tormentas son así. Como los traumas, son pasajes o puertas a otra dimensión. Pero las tormentas también son ventanas peligrosas a mundos que es nuestro destino (y tal vez nuestra obligación) olvidar. Si no las olvidamos, corremos el riesgo de desaparecer. Vanessa Vilches Norat pasa por esa tormenta y mira por esa ventana en un cuento donde una pareja abre un ojo en la pared de su dormitorio por el cual se escapan de su vida sofocante, hasta que uno de ellos no regresa más.

Pero si cerramos la puerta por completo, si negamos lo que hemos visto por el ojo de la tormenta, perdemos la oportunidad de cambiar para seguir viviendo. Es lo que le pasa a dos locutores de radio en el cuento de Sergio Gutierrez Negrón que enmudecen cuando una radioescucha les dice la verdad: “cada mujer es Sísifo y su cuerpo es la piedra”. Después de una pausa incómoda los locutores enganchan y se dicen “Ay, chus, nos tocó una filósofa”.

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