Jorge Bauzá

Punto de vista

Por Jorge Bauzá
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El oro del mar

El agua de mar, esa misma agua en la playa donde chapoteamos y refrescamos nuestro ser, puede contener en solución hasta 92 elementos naturales de la tabla periódica. Están los principales, el cloro y el sodio, los que dan su sabor a sal. Pero, además, contiene uno que no imaginas, que es venerado y muy cotizado. Ha cambiado la historia y destino de muchos. Con el que se hacen prendas y acuñan monedas.

Desde que se supo de la presencia del oro en el mar, en el 1872, han sido muchos los intentos de extraerlo. Uno de estos fue Fritz Haber, químico alemán y ganador de un Premio Nobel por revolucionar la agricultura mundial con la invención del abono sintético mediante la reacción Haber-Bosch. De hecho, Haber invirtió 10 años de su vida buscando la fórmula de extraerlo, pues estaba convencido que sufragaría —con oro extraído al mar— la deuda de Alemania producto de la Primera Guerra Mundial. La realidad es que nunca logró dar con un método de extracción viable y concluyó, que sería faena imposible.

Los primeros estimados de cuánto oro disuelto existe en el mar fueron muy prometedores. Sin embargo, la emoción duro poco. En 1990, los geólogos Kelly Kenison-Falkner y John Edmond, del Massachusetts Institute of Technology, calcularon la concentración utilizando técnicas de gran precisión. Para ser exactos, determinaron que hay aproximadamente un gramo de oro por cada 100 millones de toneladas de agua de mar. Con este dato y a base del volumen total del océano —que es igual al 1,300 millones de kilómetros cúbicos— mis cálculos dicen que el océano contiene unas 13,251 toneladas métricas de oro disuelto. No es mucho, si lo comparamos con todo el oro visto en la historia de la humanidad, que se estima en 165,000 toneladas métricas. Esa cantidad llenaría unas tres piscinas olímpicas y un poquito más. Por lo tanto, el oro disuelto del mar equivale a un 8% de todo el oro minado en el mundo y llenaría apenas una cuarta parte de una piscina olímpica. Es posible extraer este oro disuelto en el mar por métodos químicos. Pero el costo de extracción es mucho mayor que el rendimiento. Es decir, no es rentable, por ahora.

Ahora bien, existen depósitos explotables de oro en el mar. Es decir, oro no disuelto si no depositado sobre el lecho marino. Un ejemplo son los ricos depósitos en el Mar de Bering, atribuidos a oro depositado por ríos de Alaska y Siberia. También está el oro precipitado sobre las ventilas hidrotermales sumergidas. Estas chimeneas de agua caliente se forman en el fondo del mar, donde el agua permea por grietas en el fondo marino, cerca del calor interno del planeta. Esta agua se calienta y disuelve los elementos a su paso, incluyendo el oro, para luego precipitarlo al encontrarse con el agua fría del fondo del mar. La concentración de oro en algunos de estos depósitos puede ser hasta 15 veces mayor que las minas de oro en tierra firme. Además de oro, pueden contener cobre, plata, cobalto, zinc y otros metales de interésparalas industrias.

Por esa razón, el gobierno de Papúa, Nueva Guinea, concedió a la empresa Canada Nautilus Minerals un permiso para explorar y explotar los depósitos de minerales metálicos hidrotermales a lo largo de 30 kilómetros de fondo oceánico en el Mar de Bismarck (Océano Pacífico). Allí se contempla extraer unos 1.3 millones de minerales anuales utilizando robótica y tecnología. Este proyecto sería el primero en su clase, pues iniciaría la explotación minera comercial en el océano profundo.

Sin embargo, cuidado, pues existe un riesgo ecológico —tal vez irreversible— que considerar en este tipo de iniciativa.

La realidad es que la mayor parte del oro de la humanidad ya se ha extraído en los pasados 50 años. Los ricos depósitos de África del Sur han desaparecido y otros están mermados. Y el oro restante cada vez es menos, remoto y su extracción destructiva. No obstante, es de esperarse que la explotación del oro en el mar —disuelto o precipitado— será objeto de inversionistas, empresarios y gobiernos.

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