Fernando Cabanillas

Tribuna Invitada

Por Fernando Cabanillas
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El oxígeno: ¿bueno o malo para el cáncer?

Era un día como otro cualquiera. Suena el teléfono y al contestar me saluda una querida amiga. Sonaba muy preocupada. A un familiar muy cercano le acababan de encontrar un tumor cerebral. El hijo de la paciente no quería que le hicieran una biopsia porque alguien le había explicado que, al entrar en el cráneo, cogería oxígeno el tumor y esto ocasionaría que creciera rápidamente. Este concepto implica que el oxígeno es una sustancia que nutre y estimula el crecimiento del cáncer. Es similar a la creencia de que el azúcar es mala porque alimenta el cáncer. Ambos principios son medias verdades. 

Los tumores cancerosos, al igual que el resto del cuerpo, constantemente reciben oxigeno suplido por la sangre oxigenada por los pulmones. El aire que le llega al tumor durante el acto quirúrgico no es una fuente de oxígeno para el tumor. No sé si es por las redes sociales que se ha diseminado esta noción equivocada, pero lo cierto es que hace tiempo que está circulando. Les aseguro que exponer el tumor al aire durante una operación o una biopsia no provoca su crecimiento ni su propagación.

Pero más curiosa todavía es la otra creencia que postula exactamente lo contrario: que el oxígeno tiene propiedades antitumorales porque el cáncer no logra sobrevivir en un ambiente con alto contenido de ese gas. Ese “descubrimiento” se lo atribuyen al Dr. Otto Warburg, dos veces premio Nobel de Medicina, pero la realidad es otra. Lo que Warburg descubrió fue que las células cancerosas son capaces de prosperar en un ambiente bajo en oxígeno. El hecho de que les guste vivir en un ambiente pobre en ese gas no necesariamente significa que no puedan sobrevivir en un ambiente rico en oxígeno. Sin embargo, Warburg cometió esa falla de lógica y propuso que el cáncer no tolera el oxígeno,  y que por tanto, el oxigenar el cáncer podía utilizarse como medio para combatirlo.

Lo cierto es que él nunca pudo comprobar ni que el oxígeno matara el cáncer ni que funcionara como tratamiento para ese trastorno. No obstante, varios practicantes dentro y fuera de nuestra isla abrazan la teoría de Warburg con el propósito de tomarnos el pelo con terapias basadas en oxígeno. Veamos como lo hacen.

Probablemente ustedes han escuchado acerca de la capa de ozono en la estratosfera, la cual es muy conveniente para bloquear el exceso de rayos ultravioletas del sol, pero probablemente pocos conocen lo que es el ozono. Antes de entrar de lleno a discutir la terapia con ozono, primero debo explicar lo que es. En términos simples, el ozono es un “super oxígeno” muy inestable, que cuando se degrada pierde una de sus tres moléculas y se convierte en oxígeno.

Como casi todas las medicinas alternativas, el uso de ozono tiene una base racional, o al menos seudoracional. En este caso es la teoría de Warburg que postula que el cáncer no tolera el oxígeno. Como el ozonose convierte en oxígeno, de ahí surge la supuesta eficacia, nunca comprobada, de esta modalidad para tratar el cáncer. La lógica nos dice que, si es el oxígeno el responsable de las propiedades antitumorales del ozono, ¿por qué no usar el oxígeno en primera instancia en vez de acudir al ozono? Claro, el oxígeno es más mundano y, por ende, no es tan “sexy” ni atractivo para vendérselo a un paciente. Además, es más barato que el ozono y por tanto menos lucrativo para el naturópata.

En fin, el ozono se está popularizando en nuestra isla. Nos llega “recalentao” de Estados Unidos y viene en diferentes “sabores”. Tenemos esencialmente ozono vaginal, rectal y endovenoso, aunque hay quien lo administra por otros orificios, hasta por el oído y la uretra. Empiezan ya a llegar algunos pacientes a nuestro Centro de Cáncer con historias surrealistas. Según lo promueven sus practicantes, el ozono es seguro y cura el cáncer, las infecciones bacterianas, el SIDA, la artritis, esclerosis múltiple, discos herniados, problemas dentales y hasta la sordera. ¿Recuerdan el jabón Ace? …hace de todo. Y existe también ozono para los perros, ¿por qué no? Pero curiosamente, el oxígeno es un oxidante, por tanto, su uso es contradictorio, ya que el concepto que la mayoría de los naturópatas defiende es que las sustancias oxidantes son perversas, mientras que los antioxidantes nos protegen del cáncer.

Y los gansos buscones siempre abundan en todos lados. En Tucson, Arizona, un obrero de la construcción fue encontrado culpable de tratar a mujeres con cáncer de la matriz usando ozono vaginal. Antes de comenzar ese tratamiento primero les daba “terapia de desintoxicación” seguida por el ozono para un costo total de $1,500. Instaba a las mujeres a no contarles a sus médicos sobre el tratamiento administrado porque “si usted cura a alguien con ozono, será metido en la cárcel”. Esto viene de la teoría de conspiración que promulgan la mayoría de los naturópatas. Esta teoría consiste en que la industria farmacéutica, el gobierno y los oncólogos conspiramos contra los pacientes, y si estos últimos llegaran a descubrir que existe una cura fácil para el cáncer, se nos vendría abajo el quiosco a los que practicamos la medicina convencional.

Aparte de que no existe evidencia alguna de que el ozono cure el cáncer, debo advertir que la terapia con este gas ha sido asociada a muchas muertes. La inhalación de ozono puede causar complicaciones potencialmente letales como el edema pulmonar, y su inyección por vena puede producir embolias. La FDA también afirma que “se han informado efectos secundarios en el sistema nervioso central, el corazón y la visión”. El ozono es un gas tóxico sin aplicación médica legítima conocida.

Mi reacción como médico, cuando me enfrento a estos tratamientos absurdos es, primero, la indignación, pero luego siento el impulso de denunciar al practicante ante la Junta de Naturopatía. Fue lo que hizo la Dra. Britt Hermes en Estados Unidos, quien asqueada por una experiencia lamentable, renunció a su carrera como naturópata para dedicar su vida a salvar pacientes de caer en las garras de charlatanes.  Ella reportó a su jefe, naturópata de nombre Uzick, a la Junta de Naturopatía por recetar un tratamiento fraudulento llamado “Ukrain” (nada que ver con Jaresko), que violaba crasamente las leyes del FDA. Pero la decisión de esa junta fue enviarle una carta de reprimenda al naturópata, pidiéndole que devolviera el dinero a los pacientes afectados. No hubo cárcel, ni restricciones a su licencia, y mucho menos, multas. La impunidad, en estos casos, es lo que provoca que sigan proliferando charlatanes.

La palabra ozono viene del griego y significa tener olor. Esa sustancia tiene un aroma muy particular, sumamente fuerte y penetrante. Uno de los efectos secundarios de la terapia rectal con ozono es la flatulencia. Se podrán imaginar las consecuencias bochornosas después de una sesión terapéutica (el juego de palabras no es intencionado)… además del potencial tóxico para los espectadores.

Mi recomendación para los lectores es que se mantengan lo más lejos posible del ozono… y de sus usuarios.

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