Jon Borschow

Tribuna Invitada

Por Jon Borschow
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El oxímoron del taxi turístico

En medio de la crisis fiscal y extendida recesión económica, el turismo repunta mostrando un crecimiento frágil. Sin embargo, con estrategia, visión y compromiso sostenido todo Puerto Rico pudiera verse en un acertado rumbo hacia la prosperidad, recibiendo millones de visitantes adicionales al año y trayendo nuevos recursos a nuestras islas. Pero hay un problema básico:

Fuera de los puertos, hoteles y algunos destinos selectos, es prácticamente imposible conseguir transportación individualizada. Si un turista quiere explorar independientemente, tiene que limitarse a “tours” grupales a destinos específicos, a fletar un taxi por hora o alquilar un carro y arriesgarse a navegar solo nuestras, pobremente señalizadas, vías. Tanto para los visitantes, como para los residentes la ausencia de alternativas de transportación es dañina al potencial de nuestra isla como destino y también para la calidad de vida.

El concepto del taxi turístico fue creado para remediar un problema que estaba afectando el turismo. Los visitantes llegaban al aeropuerto, se montaban en taxis que muchas veces se encontraban en malas condiciones, no tenían capacidad para su equipaje, no contaban con aire acondicionado y los choferes no hablaban inglés. El comportamiento de algunos taxistas era explotador – por la costumbre de apagar el metro y cobrar tarifas arbitrarias. Entonces, el gobierno estableció unos requisitos mínimos para el aeropuerto y zonas turísticas y, como parte de la solución, se reclutaron equipos de despachadores para asegurar que los turistas no fueran maltratados o explotados.

Así las cosas, se ha ido fortaleciendo un pequeño monopolio, cosa que nunca fue el propósito de la creación del taxi turístico. Todo el que llega a nuestro aeropuerto tiene una sola alternativa de transportación pública. Hay razones de eficiencia por las cuales los taxis son convenientes en los aeropuertos, pero en muchos aeropuertos a través del mundo, existen alternativas complementarias – autobuses, trenes, limosinas y, más recientemente, los servicios basados en redes digitales como Uber y Lyft.

Los taxistas argumentan que es injusto el que ellos tengan que incurrir en costos que la regulación les impone, mientras los otros transportistas emergentes pueden proveer servicios similares sin incurrir en estos gastos. Para atender su genuina preocupación hay que analizar y reevaluar toda la reglamentación aplicable para determinar cómo actualizarla; no privar al mercado de la competencia. Por ejemplo, ¿por qué todo taxi turístico tiene que ser un vehículo grande y costoso para operar, cuando muchos pasajeros llegan solos o en pareja?

Lamentablemente, éstos no han reconocido a tiempo que su modelo de negocio y operar falla, no por la llegada de Uber, sino principalmente por la falta de una visión moderna y el uso de la tecnología disponible. Su desventaja más grande es la ineficienciacon que operan. En el tiempo que un taxi espera en fila en el aeropuerto, el conductor de una red digital puede atender varios viajes. La red los conecta con el próximo pasajero más cercano, en muchas ocasiones antes de dejar el pasajero anterior. Como hay miles de vehículos dentro de esa red y miles de pasajeros disponibles en toda la geografía, el costo operacional baja, la satisfacción del cliente aumenta por el buen servicio y, por ende, la lealtad a la marca y el uso repetido.

Hoy podemos observar cómo la oposición de los taxistas ha escalado de amenazas e insultos a violencia física a la propiedad y a las personas. Hemos sido testigos de centenares de actos delictivos que atentan, no solo contra las víctimas directas, sino contra la esencia de nuestra sociedad civil. Ni hablar de cómo el maltrato a nuestros visitantes empaña nuestra reputación como destino; una experiencia e imagen negativa muy difícil de borrar.

Aunque es una tentación comprar la paz con arreglos y concesiones cortoplacistas y populistas, no es justo coartar los derechos de miles de ciudadanos quitándoles acceso a este valioso servicio porque viven o visitan el Condado, Miramar, San Juan o Isla Verde. De hecho, ese tipo de medida podría rayar hasta en la discriminación.

Necesitamos asegurar que todo visitante sienta una amplia y hospitalaria bienvenida. Es inaceptable que cualquier usuario o cliente de estas redes se le prohíba usar su servicio preferido porque un pequeño puñado de intereses quiere preservar un monopolio anacrónico.

A los taxistas les pido que, si desean ser relevantes al servicio de transporte en Puerto Rico, observen los signos de los tiempos y atemperen su modelo de negocio a los cambios en el mercado. Al gobierno le digo que es momento hace rato ya de sentarse a revisar cuidadosamente los reglamentos para atemperarlos y asegurar que faciliten el acceso de diversas alternativas de servicio a los usuarios sean residentes o visitantes.

Podemos seguir destruyendo nuestras oportunidades y, así nuestro futuro, con falta de visión o acciones egoístas o podemos movernos de la escasez a la abundancia trayendo esos millones de visitantes adicionales que nos van a llevar a la prosperidad. Para ser exitosos, necesitamos lograr que todo el mundo conozca las virtudes de nuestra maravillosa Isla, desarrolle un apetito para visitarnos y, al llegar a Puerto Rico a disfrutar de nuestras variadas y auténticas experiencias, sienta una amplia y hospitalaria bienvenida de todos nosotros. 

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